dilluns, 3 d’abril de 2017

La hormiga que derribó a un elefante.

Cosmic elephant por Shicodancer

Como hacer que el alma grite en medio del vacío es el misterio que todo herido debe resolver. Un mudo eco de impotencia susurra en la inmensidad vaciando el sentido que alguna vez se le quisieron dar a unas palabras caducadas de tanto esperar. No queda esperanza para el vocerío en el universo, no queda espacio para nuevas ondas, lo que está en el aire es lo que hay... Y nos toca recibir esas frecuencias como espectadores indefensos ante las inclemencias de tan alocados actores.

Ante la inmensidad de un mundo misterioso nos quedan nuestras pobres emociones como bandazos de aire que guían las velas de un buque extraviado. Somos los capitanes de una nave perdida en la deriva de una tierra cansada y maltratada. Nuestros marineros se esfuerzan con toda su pasión para que el barco no se hunda en las profundidades, mientras que rezamos a las inclementes tempestades que calmen su ánimo para dejar paso a brisas más amables. Vano esfuerzo de los que navegan por esas aguas, porque aunque es un secreto a gritos, todos saben que tarde o temprano lo que nos espera es un inclemente naufragio en los negros abismos de los que nadie ha regresado.

Y ante tal panorama, cualquier promesa de viaje suena a condena, más que a oportunidad. Un castigo en el que todo lo vivido, desde los momentos felices hasta las tristezas más agónicas, es tan sólo una gota en un mar muerto... Osar alzar la voz ante la rabia de tal fatal promesa es un acto rebelde que las almas más valientes desean en el fondo de sus corazones. Lo que ocurre es que aquel que alza la voz es prontamente acallado por el vocerío insensato de caminantes de ojos vendados pero abiertos a sus mundos de quiméricas ilusiones. La terrible y decadente tendencia a seguir este impulso aferrados a un timón a la deriva provoca que todo aquel que se rebele ante tal terrible destino parezca un enfermo mental, un demente agónico de tanto vivir.... Y puede ser que no estén tan desacertados.

Qué locura querer gritar en el vacío que existe algo que puede llenarlo. Qué insensatez creer que una hormiga puede derribar a un elefante... Y que verdad tan grande que tan sólo los que hayan visto podrán entender... En este punto central de cíclica irracionalidad cósmica, aquellos valientes que plasmaron su rabia para que esta viajara por nuestro mundo lograron reflejar parte de los misterios que la vida parece desvelarnos tras una programación vital que se asemeja a un espectáculo vacío. Esos antiguos secretos que comenzaron a comprenderse desde la oscuridad más absoluta, las certezas a las que ningún loco podía negarse, tomaron vida y han sido los que han permitido que el fuego se transmita y siempre termine llegando a todos los espíritus rebeldes, generando una resistencia a la vida, un amor por la muerte, una partida perdida que no tememos jugar, una vez más.

Hoy quizás no tenga sentido gritar en los recovecos del mundo, pero siempre tendrá sentido encender una vez más el fuego y recordarle a los náufragos de estas palabras lo que todos hemos olvidado:

Todo es una ilusión. Entonces, ¿por qué estar tristes?
Todo es mentira. Entonces, ¿por qué no contar las historias que queramos?
Todo es incomprensible. Entonces, ¿por qué buscar sentido?
Y si nada tiene sentido aquí y ahora, ¿por qué no simplemente vivirlo aquí y ahora?