dilluns, 23 de gener de 2017

Amor Vincit Omnia

Hace poco descubrí que un pedacito de mi alma estaba perdido en el interior de algún antiguo monstruo de las profundidades. No fue hasta que no vi mis propias palabras escritas con otras manos que comprendí que algo muy antiguo de mi espíritu necesitaba ser despertado de su letargo. Como si de un rayo de esperanza que cae del cielo para destruir la torre de mis temores se tratara, esa antigua bestia vomitó mi propia piel desnuda y hueca, dejándome vacío y desamparado ante la oscura noche que yo mismo he decidido atravesar. Y en esa perpetua negrura que acompaña un destierro así lo vi... Y hasta entonces había dado por sentada su existencia, pero no reparé que incluso en la playa donde se ven los horizontes más siniestros, esos en los que el océano de la muerte coquetea con el negro cielo del horror, las perlas brillantes de lo más hermoso que existe relucen para recordarnos su eterna victoria.
No quiero estafar con las versiones edulcoradas de los romances ni pretendo mentirme con los espejismos del cariño, sino que quiero recordarle a mis huesos y a todos los náufragos que aparezcan en mis letras lo que es el amor. Esas perlas que como estrellas aparecen sobre los firmamentos lodosos de nuestras desgracias y nos recuerdan el verdadero valor de la vida, que no reside ni en las proezas ni las gestas, sino en nuestra fuerza de unión y creación, el deber de toda existencia, el movimiento. Y es por eso que el amor siempre ha vencido y vencerá, porque el verdadero amor es la música del mundo que reside en todos y nos hace danzar sin remedio en este rincón que llamamos mundo. Y nada escapa a la música, porque hasta la más sorda y quieta de las piedras sabe que algún día será sólo polvo que el viento hará viajar y moverse a su antojo.
El verdadero amor es creación, es la fuerza que hace vibrar al mundo hasta convertirse en la luz que riega los campos secos de la desesperanza. Nada escapa al amor, porque en él reside la mismísima muerte, que sólo nos lleva para amarnos en su aparente quietud y recordarnos que nuestro deber no es otro que seguir adelante. Porque lo que ha muerto sólo duerme, espera pacientemente que la tierra húmeda lo empuje al movimiento del ser y ese es el verdadero regalo del amor, el despertar a la vida, el eterno amanecer de la anhelada esperanza. Nada escapa a esta batalla cósmica de dos caras... Y por todo eso yo quiero luchar.
Quiero ver nuevos días guiado a la guerra por ese general que me aseguró la gloria antes de armarme caballero. Quiero risas y llantos decorados con el perfume de las flores de todas las primaveras que surgen como un milagro en nuestros corazones, porque es por ellas que no importan ni la distancia ni el tiempo, porque nada puede detener el fluir de la existencia que se escurre entre las sonrisas y los dedos entrelazados con sueños aún por cumplir. No importan los motivos ni las razones, porque aunque el amor los tenga nunca los ha necesitado...
Despierta corazón mío, en esta negra noche debes seguir el camino de estrellas que dejó el amor de los que vinieron antes que tú. Vuelve a casa, espíritu inquieto mío, recuerda el hogar que existe en todos aquellos que compartieron su tiempo con la ternura de la amistad o la pasión de un amante. No olvides que aunque la batalla está ganada de antemano, deberás sangrar y sufrir, el dolor y el desgarro serán tus compañeros en este largo viaje en más de una ocasión... Y ellos te atacarán por amor, y reabrirán la herida para que mane el espíritu que todo lo cubre y mueras una vez más... Para volver a renacer.
No temas, no dudes, no titubees. El Amor todo lo vence, así que no intentes resistirte. Porque él sabe que estás ahí por él y para él. Y el resto, sinceramente, siempre han sido máscaras.
 

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