divendres, 19 de maig de 2017

A una estrella fugaz

Estrella fugaz por David Chang


Existen anhelos y deseos extraños en nuestra mentes, pero ninguno más raro y hermoso que mi esperanza de que regrese aquella pequeña noche en la que la oscuridad me mostró una de sus bellas luces. Como un destello en las neuronas, como un risa en un funeral, vi la estrella fugaz, viajera por aquel firmamento repleto de astros. Todos la miraron pero nadie la vio como yo, que pude percibir las chispas de su fuego mientras arañaba de luces los caminos negros de la pequeña noche en la que coincidimos. Dicen que cuando vemos una de ellas hay que pedir un deseo, mi problema fue que no pedí ninguno, la estrella los traía consigo.

Pido a mi Maestro que me de fuerzas al saborear los perfumes embriagadores que esta vida nos regala, porque muchos son los que terminan en los callejones de la perdición sin saber porqué aquello que los alimenta también los mata. Y es que no hay mayor crueldad que la fugacidad que tiene el tiempo en los momentos de belleza, una esencia más dura que la peor de las adrenalinas y más dulce que la ambrosía más pura. Quien ha visto una estrella caer sabrá que toda esa magnanimidad no puede ser más que atrapada por nuestros ojos despiertos, que se agarran a esa luz como unas manos de mimbre a un cálido fuego. No importa que sea fugaz, no importa que sea breve, más vale un destello en la noche que logre desgarrar el alma que mil puntitos de luz parpadeantes, mudos y vigilantes. Y así caes, aunque no quieras, en la noche junto a la estrella.

Y la estrella cae y se va. Y nunca sabrás si se la tragó el dragón de la negrura espacial o habrá llegado a un nuevo horizonte en el que te gustaría verla sonreír. Y en eso reside lo hermoso, una melodía pasajera que llegó para ser escuchada en algún rincón oscuro que una pequeña noche podía ofrecer. Esa estela nos mostró una realidad vital, que todo muere tarde o temprano y que incluso lo más brillante caerá en un misterioso abismo que se traga todo lo vivo y vivido a su paso. Pero, ¿acaso importa?

He visto a una estrella fugaz, yo la he visto brillar, yo la he visto aparecer, fulminar y caer. Y aunque toda esa luz haya caído en la oscuridad el recuerdo de tus llamas cruzando el cielo me hicieron creer que existen cosas capaces de rajar de arriba a abajo a la inmisericorde noche, que existen los eclipses de luz, que viven entre nosotros los regalos del cielo. Por todo eso, mantengo la única virtud que puede redimir a cualquier loco de su condición: la esperanza.

La esperanza de que los dioses volverán a traernos pequeñas noches. La esperanza de que habrá otros destellos que pinten el cielo de llamaradas y luces... Sea como sea, siempre me quedará la esperanza de volver a vernos, estrella fugaz.

Hasta que tus llamas crucen otra vez los cielos.

dilluns, 3 d’abril de 2017

La hormiga que derribó a un elefante.

Cosmic elephant por Shicodancer

Como hacer que el alma grite en medio del vacío es el misterio que todo herido debe resolver. Un mudo eco de impotencia susurra en la inmensidad vaciando el sentido que alguna vez se le quisieron dar a unas palabras caducadas de tanto esperar. No queda esperanza para el vocerío en el universo, no queda espacio para nuevas ondas, lo que está en el aire es lo que hay... Y nos toca recibir esas frecuencias como espectadores indefensos ante las inclemencias de tan alocados actores.

Ante la inmensidad de un mundo misterioso nos quedan nuestras pobres emociones como bandazos de aire que guían las velas de un buque extraviado. Somos los capitanes de una nave perdida en la deriva de una tierra cansada y maltratada. Nuestros marineros se esfuerzan con toda su pasión para que el barco no se hunda en las profundidades, mientras que rezamos a las inclementes tempestades que calmen su ánimo para dejar paso a brisas más amables. Vano esfuerzo de los que navegan por esas aguas, porque aunque es un secreto a gritos, todos saben que tarde o temprano lo que nos espera es un inclemente naufragio en los negros abismos de los que nadie ha regresado.

Y ante tal panorama, cualquier promesa de viaje suena a condena, más que a oportunidad. Un castigo en el que todo lo vivido, desde los momentos felices hasta las tristezas más agónicas, es tan sólo una gota en un mar muerto... Osar alzar la voz ante la rabia de tal fatal promesa es un acto rebelde que las almas más valientes desean en el fondo de sus corazones. Lo que ocurre es que aquel que alza la voz es prontamente acallado por el vocerío insensato de caminantes de ojos vendados pero abiertos a sus mundos de quiméricas ilusiones. La terrible y decadente tendencia a seguir este impulso aferrados a un timón a la deriva provoca que todo aquel que se rebele ante tal terrible destino parezca un enfermo mental, un demente agónico de tanto vivir.... Y puede ser que no estén tan desacertados.

Qué locura querer gritar en el vacío que existe algo que puede llenarlo. Qué insensatez creer que una hormiga puede derribar a un elefante... Y que verdad tan grande que tan sólo los que hayan visto podrán entender... En este punto central de cíclica irracionalidad cósmica, aquellos valientes que plasmaron su rabia para que esta viajara por nuestro mundo lograron reflejar parte de los misterios que la vida parece desvelarnos tras una programación vital que se asemeja a un espectáculo vacío. Esos antiguos secretos que comenzaron a comprenderse desde la oscuridad más absoluta, las certezas a las que ningún loco podía negarse, tomaron vida y han sido los que han permitido que el fuego se transmita y siempre termine llegando a todos los espíritus rebeldes, generando una resistencia a la vida, un amor por la muerte, una partida perdida que no tememos jugar, una vez más.

Hoy quizás no tenga sentido gritar en los recovecos del mundo, pero siempre tendrá sentido encender una vez más el fuego y recordarle a los náufragos de estas palabras lo que todos hemos olvidado:

Todo es una ilusión. Entonces, ¿por qué estar tristes?
Todo es mentira. Entonces, ¿por qué no contar las historias que queramos?
Todo es incomprensible. Entonces, ¿por qué buscar sentido?
Y si nada tiene sentido aquí y ahora, ¿por qué no simplemente vivirlo aquí y ahora?

dilluns, 23 de gener de 2017

Amor Vincit Omnia

Hace poco descubrí que un pedacito de mi alma estaba perdido en el interior de algún antiguo monstruo de las profundidades. No fue hasta que no vi mis propias palabras escritas con otras manos que comprendí que algo muy antiguo de mi espíritu necesitaba ser despertado de su letargo. Como si de un rayo de esperanza que cae del cielo para destruir la torre de mis temores se tratara, esa antigua bestia vomitó mi propia piel desnuda y hueca, dejándome vacío y desamparado ante la oscura noche que yo mismo he decidido atravesar. Y en esa perpetua negrura que acompaña un destierro así lo vi... Y hasta entonces había dado por sentada su existencia, pero no reparé que incluso en la playa donde se ven los horizontes más siniestros, esos en los que el océano de la muerte coquetea con el negro cielo del horror, las perlas brillantes de lo más hermoso que existe relucen para recordarnos su eterna victoria.
No quiero estafar con las versiones edulcoradas de los romances ni pretendo mentirme con los espejismos del cariño, sino que quiero recordarle a mis huesos y a todos los náufragos que aparezcan en mis letras lo que es el amor. Esas perlas que como estrellas aparecen sobre los firmamentos lodosos de nuestras desgracias y nos recuerdan el verdadero valor de la vida, que no reside ni en las proezas ni las gestas, sino en nuestra fuerza de unión y creación, el deber de toda existencia, el movimiento. Y es por eso que el amor siempre ha vencido y vencerá, porque el verdadero amor es la música del mundo que reside en todos y nos hace danzar sin remedio en este rincón que llamamos mundo. Y nada escapa a la música, porque hasta la más sorda y quieta de las piedras sabe que algún día será sólo polvo que el viento hará viajar y moverse a su antojo.
El verdadero amor es creación, es la fuerza que hace vibrar al mundo hasta convertirse en la luz que riega los campos secos de la desesperanza. Nada escapa al amor, porque en él reside la mismísima muerte, que sólo nos lleva para amarnos en su aparente quietud y recordarnos que nuestro deber no es otro que seguir adelante. Porque lo que ha muerto sólo duerme, espera pacientemente que la tierra húmeda lo empuje al movimiento del ser y ese es el verdadero regalo del amor, el despertar a la vida, el eterno amanecer de la anhelada esperanza. Nada escapa a esta batalla cósmica de dos caras... Y por todo eso yo quiero luchar.
Quiero ver nuevos días guiado a la guerra por ese general que me aseguró la gloria antes de armarme caballero. Quiero risas y llantos decorados con el perfume de las flores de todas las primaveras que surgen como un milagro en nuestros corazones, porque es por ellas que no importan ni la distancia ni el tiempo, porque nada puede detener el fluir de la existencia que se escurre entre las sonrisas y los dedos entrelazados con sueños aún por cumplir. No importan los motivos ni las razones, porque aunque el amor los tenga nunca los ha necesitado...
Despierta corazón mío, en esta negra noche debes seguir el camino de estrellas que dejó el amor de los que vinieron antes que tú. Vuelve a casa, espíritu inquieto mío, recuerda el hogar que existe en todos aquellos que compartieron su tiempo con la ternura de la amistad o la pasión de un amante. No olvides que aunque la batalla está ganada de antemano, deberás sangrar y sufrir, el dolor y el desgarro serán tus compañeros en este largo viaje en más de una ocasión... Y ellos te atacarán por amor, y reabrirán la herida para que mane el espíritu que todo lo cubre y mueras una vez más... Para volver a renacer.
No temas, no dudes, no titubees. El Amor todo lo vence, así que no intentes resistirte. Porque él sabe que estás ahí por él y para él. Y el resto, sinceramente, siempre han sido máscaras.