dimecres, 28 de desembre de 2016

Otra ronda, por favor.


Odio tener la copa vacía.

De los fugaces momentos que un reloj perezoso nos despierta ante un nuevo día, los momentos simples como un cafe inesperado, una pizca de música de amarillo y la huella imborrable de nuestras pisadas sobre la piedra que danza por mi cabeza hacen que por un momento crea en la inmortalidad del tiempo. El recuerdo de las hojas otoñales regresa lleno de antiguos perfumes y sensaciones, los senderos del tiempo se abren en mi mente recordandome vidas imposibles con la fugacidad de un escalofrío tras otro. Como si la serpiente que se muerde la cola devorara mis entrañas con cada respiración, el tiempo se repite como un eco en mi mente en el que sólo puedo ver el azul del mar perdido en un horizonte donde el viento peina la cabellera antigua de las olas.

Por un momento sé que soy eterno, mi cuerpo se olvida de la muerte, mi mente se libera de sus límites y mi corazon duerme todos mis deseos. La melancolía siempre ha sido una bebida dura y que pasa factura si se toma a destiempo... Pero existen venenos del alma que nos muestran en la grandeza de su vórtice los diamantes más brillantes de nuestro ilimitado universo, existen maneras de acariciar los besos de la Parca mientras se tiene entre los brazos a la Vida misma... Y aunque pase factura, yo seguiré pidiendo rondas de esa pócima incomprensible. Dame más y mucho más cargado.

Otra ronda, por favor.






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