dimecres, 7 de desembre de 2016

Dragones y montañas


Ojalá pudiese describírtelo. Ojalá por un instante pudieses ver lo que yo he visto. No todos los días se contempla una maravilla como esa y se vive para contarlo. Vivimos en un mundo en el que ya nadie cree de verdad en las maravillas, pero yo soy testigo que aún queda esperanza en algunos fragmentos que como tesoros se nos pueden cruzar en el camino.

Existen casualidades que son causas. Existen momentos fugaces que son pedacitos de eternidad. Lo que yo vi fue algo que ocurrió entre los tiempos, un cruce de caminos que picó a mi puerta para indicarme la dirección hacia la incertidumbre. Lo que vi fue la negrura, la oscuridad más directa y sincera. Y esa oscuridad se mecía en un mar en calma donde una pequeña isla me recordaba que debía poner los pies en la tierra.

Simplemente, no todos los días se pueden ver a los dragones amando las montañas entre las nubes. No todos los días la sinceridad se convierte en un consuelo; no todos los días salgo a pasear con mis demonios por bandera. 

Hay momentos de silencio que traen en el vacío toda la gloria que dragones y titanes puedan tener. Esos vacíos son un delta que une el verde de los juncos con el azul de las mareas en un equilibrio perfecto. Y no existe ecosistema más delicado y que precise de más amor.

Por todo ello, brindo por las nuevas estaciones que puedan venir con todos los soles y sus lunas. Ojalá en todas ellas pueda encontrar lo que encontré en ese mar entre las hojas del otoño.

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