dissabte, 5 de març de 2016

¿Cómo os lo digo?


¿Cómo os lo digo? Si en cada paso que dais pisáis aquello que está por venir. ¿Cómo os hago entrar en razón? Cabezas vacías en impulsos arrastrados, pesados y viejos. Como si fuésemos sacos de huesos agujereados, andamos sin rumbo ni objetivo hacia un destino incierto. Los disfraces de magnificiencia resultan ridículos a estas alturas, parecéis ratas bailando alrededor de gatos hambrientos creyendo que así les seduciréis para que no os devoren. Un espectáculo dantesco y totalmente surrealista, así es todo. ¿Cómo os lo hago entender?

Es una lástima que no todo el mundo pueda comprender la belleza. No digo que yo lo haga, pero al menos puedo darme el lujo de intentarlo de vez en cuando. La contemplación de lo bello y su comprensión suponen la forma de reflexión más elevada pues suponen la conexión directa con eso, inefable, quizás inalcanzable... Pero siempre tan... Siempre de... ¿Cómo puedo decirlo sin estropearlo? Simplemente, no se puede.

La vida es una joven imparable, adolescente e irresponsable. Rebelde ante la quietud imperante, una anomalía juguetona y divertida que se niega a volver a la calma primordial. De esa vida de movimiento sólo podía esperarse que el resultado fuese doloroso, una punzada en el alma que merece la pena experimentar. Quien no ha llorado no ha vivido, porque la vida debe ser siempre tomada como la rabia de un adolescente. Debemos afrontarla como eso, porque ella es así y jamás será compasiva con nosotros.

Alcanzar la comprension de la belleza es el acto prometeico de aquellos que miran el mundo con los ojos de la perfección. Una decisión difícil que no todos que se adentran en ella comprenden la magnitud de sus mundos internos. La hermosa paradoja que nunca se termina de entender, o te vuelve loco o te hace feliz. Y nunca sabrás donde está la frontera, todo se volverá un circo extravagante de apariencias... Pero será tan real. Búscala, y dime qué entiendes. Quizás la encuentres en los ojos ajenos, o quizás en un espejo oscuro que te refleje a ti mismo.

¿Cómo os lo digo? No hay esperanza, sólo la promesa de la belleza perpetua es real. El consuelo del alma vieja, el destino del alma joven, algo que merece vivir con todas sus lunas y soles. En los prados de la hermosura os pincharéis con las zarzas de los problemas, ¿y qué más da? Al fin y al cabo en todos lados nos espera nuestra amiga la Muerte. Siempre dispuesta a danzar y a cobijarnos en nuestro Último beso. Y gracias a eso, todo eso es bello. Y no lo entiendo, pero lo sé.

¿Cómo? Nadia sabe.
Pero todos aparentan.
Todos.

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