dimecres, 27 de gener de 2016

Reflexiones brujas III: El valor de la Herejía



Hace poco la vida me trajo una lección bruja, un aprendizaje respecto al camino y las implicaciones de estar en él. Cuando uno se adentra en este sendero torcido en el que busca en la Luz del Maestro la capacidad para unirnos al verdadero espíritu, del cual él es mensajero y esencia, se topa con la dura prueba de que toca hacer el camino al revés, viajar al contrario, ir con la noche y el otro lado. Dejarse llevar por la muerte y su amor para comprender en un acto erótico de muerte la verdadera disolución en las profundidades de la Tierra Negra. 

Y ese camino al revés no debemos negar que ha sido un préstamo, una reacción de la naturaleza ante las tijeras de lo que se dijo sobre lo que era y se hacía en la brujería...  Tanto se dijo que mucho nos caló, pero nosotros comprendimos su verdadero sentido. En la inversión no hay una humillación real del espíritu, el espíritu no es humillable, porque el desgobierno nos enseña que incluso lo podrido es rico en algo...  En la inversión hay una búsqueda en la oscuridad, el escarbar en las profundidades serpentinas de las bestias, ser uno con el ser negro y volverse negro. Uno con la Oscuridad para lograr comprender el Fuego que nos sostiene y transforma, el Fuego que es y nunca ha sido ni dejará de ser.

Ser hereje sólo tiene sentido si hay una tradición dogmática que heretizar. La brujería es por esencia herética para el resto de caminos, pues va más allá de la religión, la magia y la filosofía, torciéndose para lograr traer a lo mundano el espíritu o la maldición, la salud o la enfermedad, el Sol y la Lluvia. Nosotros invertimos, maldecimos y escupimos para profundizar en la Negrura, en todos sus sentidos, desde la física, la mental y la espiritual. No se vale buscar la Oscuridad y no aceptar que no veremos nada bueno. No se puede intentar profundizar en la Tierra sin llenarnos de lodo y tierra por todas partes. Y es en el interior de la Tierra, en lo profundo que uno encuentra el verdadero calor, la llama que todo lo sostiene.

Pero igual que hacemos el camino hacia abajo, hay que aprender a hacer el camino hacia arriba. Nacer y crecer con el joven verde, subir a lo alto y florecer con fuerza... Si lo muerto no trae vida es que de momento sólo está moribundo... Lo importante es saber volar para saber descender.

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