dijous, 22 d’octubre de 2015

Soy Gnóstico


Algunos me han conocido como pagano, otros como aprendiz de brujo o vidente loco. Poco importa eso ya. Y es que hoy no traigo la rigidez de la etiqueta ni mis manías de filósofo analítico, hoy traigo un grito al aire, una respiración profunda de fe y súplica a lo más divino de que siga guiándonos con su luz entre nuestra tinieblas más profundas. Que mis palabras sean el grito primigenio del diamante hacia el que nos dirigimos y del que volveremos a surgir. Hablo como testimonio de lo más grande, con el convencimiento de un amante apasionado y la firmeza de la experiencia. Amado Mundo, hoy tengo el convencimiento de que he vencido a la duda, por unos instantes esta ha desaparecido. He pasado de ignorar a conocer, conocer y experimentar, un pedacito de la Divinidad. Soy gnóstico.

Mi certeza es una llama, que procede de nuestro interior iluminando con su luz el mundo que le rodea. Es Dios en dios, espíritu puro que dialoga con la magia del símbolo y la música de las esferas. El Si mismo que deja en paz todo lo demás, la dulce tiniebla de luz, el fuego del Maestro, se revela como un abrazo de amor en todo aquello que no somos, para así comenzar la transmutación comenzando con el Negro más absoluto y terminarla en un Rojo Sangre tras la comunión con los dioses.

La comunión es lo que enciende la llama, permite comprender la chispa divina que habita en todo lo que nos rodea y verla en los demás. Es un fuego que aprendes a percibir, un ciclo de oscuridad y luz que te ayuda a integrarte en lo que te rodea. Y eso, y aquí radica lo más bello, te conduce a la forma más bella de todas, lo que hay tras la apariencia en bucle de la realidad... Y entonces en su abrazo sólo puedes dejarte llevar.

Como la amante más cálida y la madre más protectora, como el padre más disciplinado y el amante más osado. Un Amor más allá de todo límite, una Sabiduría como nunca comprenderíamos en palabras, el beso más frío y cálido, la perfección más absoluta, la paradoja resuelta que nos imagina en paradojas más pequeñas... Y así lo divino te acoge unos instantes, te rodea de su magia infinita y te hace saber.

El saber no puede transmitirse, sólo alcanzarse. Toda explicación sobre este es vana y vacua. Pero esta contemplación te lleva a querer hacerte puro como ella, a querer abrazarla una vez más, a acariciar sus mejillas... La Gran Diosa y el Divino Maestro nos esperan para enseñarnos esa Luz, esa Perfección, ese Amor.

Porque lo divino está en las pequeñas cosas del gran Amor, la belleza del Mundo es su condena y su necesidad en la respiración del Amor. Todo ocurre por Amor y por Belleza, nada de esta existencia es nulo. Porque hay un negro hay blanco. Porque todo se vacía puede volver a llenarse. Porque lo Divino sé que existe, yo lo he vivido. Yo lo he visto. Yo que es Real.

Por el amor de lo más divino, hoy grito que existo, hoy digo: soy gnóstico.

divendres, 16 d’octubre de 2015

Diamante de Goecia



Sentado en la soledad de mi escritorio la noto. La oscuridad poco a poco se cierne en nuestras tierras, el maduro otoño envejece hacia el Caos primigenio. La noche se apodera de los corazones y un dulce podrido comienza a olerse junto a los montones de hojas, húmedas por la lluvia fría y triste. Llegó la caída, estamos a las puertas de los días oscuros en los que aquellos que pasaron al otro lado, volverán para caminar entre nosotros. El viejo cazador ha comenzado a preparar sus monturas, los vendavales ensillan a sus tormentas, los muertos compartirán el banquete de los vivos.

Este otoño ha llegado especialmente destructor, como si una fuerza arrancara lo más doloroso de raíz para dejar los campos secos y fríos en el más crudo de los inviernos. Son momentos en los que el tiempo pierde su sentido, todo se presenta crudo y sin maquillaje, no hay piedad en la caída, sólo descenso. Y este descenso se va a notar...

La Tierra se va enfriando poco a poco, humedeciendo sus entrañas con las nieblas, lluvias y rocíos. Lo está devorando todo, engullendo la muerte que se vuelve sangre de vida en sus entrañas, esencia de muertos, sustancia de vida. El Señor del Desgobierno se ríe a lo lejos, la luz entre sus cuernos me recuerda, me hace sentir, que tras todo negro llegará el blanco...

Y todo esto viene a cuento de una visión, una imagen que apareció clara en el ojo de mi mente y me dejó reflexionando. Todo comenzó estudiando sobre demonios y el Ars Goetia, ajetreado entre mi mundo espiritual y las obligaciones de mi mundo físico, en el momento más (in)oportuno vi lo que me ha hecho entender de corazón algunas cosas que puedo dar por ciertas, con todo lo relativo que eso significa.

Un enorme diamante octaédrico del blanco más puro jamás concebido se hallaba rodeado de unas enormes y oscuras sombras que lo ocultaban. Todas esas sombras eran lo más pérfido y siniestro del ser humano, vislumbrado como un terror que enferma el espíritu desde lo más profundo, sumiéndolo en una cadavérica oscuridad de necesidad y miedo. Esas sombras eran todo aquello que hemos terminado llamando demonio o diabólico, espíritus negros podridos que danzan alrededor de la cosa más bella jamás vista. Todos se aferraban a las cristalinas paredes para intentar agarrar algo de aquella luz divina que emanaba del gran diamante, ninguna lo conseguía y entraban en una furia que resonaba en aquel escenario de vacío donde ocurría todo.

Por alguna razón el diamante empezó a brillar y todos los demonios no tuvieron más remedio que recular. Pero lo más interesante es que las sombras no retrocedían por miedo, las sombras dejaban paso a aquella luz tras entender que hay un momento en el que son comprendidos y contemplados con amor. Todos los demonios sonreían para mostrar el secreto que hay tras sus funestas sombras, como si hubieran sido sus guardianes, no sus parásitos.

Y el diamante blanco que vi era lo más perfecto que jamás había visto. No podía ser más puro y esencial. Un fuego brillaba en su interior y su luz nos abrazaba a todos. Era un fragmento esencial de la Divinidad, algo inmaculado y eternamente virginal. Y no lo comprendía, no lo entendía con la mente. Pero lo abracé con el corazón y comprendí que todo era perfecto tal y como era, es y será. El resto es vanidad.

Un otoño lleno de misterios por delante, misterios que se adentran en la Madre Tierra, mientras el cazador se lleva las almas y el Padre Cielo regresa a su dulce oscuridad. El Diamante incomprendido pero entendido sigue brillando y quiero llegar a él. El resto, sigue siendo camino.