diumenge, 24 de maig de 2015

Una copa de magia



Un sentimiento me ha perseguido toda mi vida, una fugaz certeza, una sensación acurrucada. Aparece en momentos en los que te das cuenta, adquieres consciencia de que lo que estás viviendo es una casilla más del tablero a la que tenías que llegar. Pero ya has estado ahí. Recuerdas esas luces, esas palabras, esos ojos, esas calles, esas lunas... Todo es el eco de un susurro que siempre se está pronunciando... Tan difícil es describir esa intuición, es la quimera del Sentido mayúsculo con la gracia de la fantasmagoría.

Y esa quimera de alas blancas llega a mi como una cálida caricia de fuego, enfriando mis dudas y miedos y calentando la atmósfera y perfumándola de segundos consecutivos. Una brisa que transporta palabras, materia que habla en colores, el agua buscando nuestros poros y los hoyuelos de una sonrisa muda. ¡Cómo me gustaría comunicar con certeza mis visiones! Y es que hay una parte de esa oleada de colores y recuerdos venía acompañada de una venenosa melancolía. Como si una sutil pero añeja tristeza se paseara aleteando sus esencias por el laberinto de mi cabeza... Sus alas nunca fueron tan hermosas.

Esa melancolía comienza con la comprensión íntima del misterio y, por ende, de todos los verdaderos misterios de este mundo: sólo pueden ser experimentados. Nunca pueden transmitirse, sólo pueden vivirse. Y es que la tristeza de saber que nunca nada te dará la certeza de que eso es verdad, pero que en el momento en el que te toca sabes que es la mayor certeza que te acompañará el resto de tu vida. La soledad del que busca la sabiduría en su interior es una quimera espinosa, una tristeza que acontece como prueba, y forma parte del camino superarla o comprenderla, integrarla o destruirla. 

Nunca podré hacer entender lo que es ese tiritar en los párpados del alma, un temblor de emoción que estalla en la pura belleza y el olor a tiempo... El tiempo huele y su perfume es el de la muerte. Vuela con nuestros pensamientos el hedor más dulce de todos, la vieja guadaña metálica bañada en sangre de inocencia. La noche que cae en todos nosotros se suma a esa sensación, a veces de dolor, a veces de sombra. Me cuesta entenderlo, pero sin duda lo entiendo; algo que siempre explico, pero que nunca cuento. Ni podré contarlo, decirlo, hablarlo y haceros entender. 

Que si no lo vivís no podéis entender. Y una vez se vive se cambia de forma de ver. Y cuando se cambia de forma de ver, comienzas a mirar.  

Con esta copa de magia me acuesto yo hoy, benditas metáforas.