dimecres, 22 d’abril de 2015

Entre bosques, huesos y magia.

¿Se puede encerrar una tempestad en una gota de rocío? La magia me dio la respuesta entre bosques, huesos y magia para recordarme, una vez más, que no existe nada que esté quieto para siempre, todo fluye.

Cuando algo abre tu corazón a la belleza de las infinitas posibilidades del ser no puedes hacer otra cosa que amar ese algo. A veces una cadena de sucesos, siempre personas que aparecen por algo, nada es casual y todo adquiere ese matiz violeta que se esconde tras el aleteo de las mariposas. Un perfume de nardos y acristalados momentos que resuenan en mi memoria como el cantar de una ballena en mi cabeza. Cuando la magia forma parte de tu definición siempre sucede algo que te obliga a romperte el ego y susurrarte al oido interior que tu puedes. Y en ese instante lo comprendí, entre lagrimas y ternura, que era libre.

Libre y capaz de cualquier cosa. Descubrí entre ojos de hielo y pupilas de fuego la alquimia secreta de los dragones. Las hadas me trajeron los huesos que recordaban mi finitud gloriosa, mi muerte, dando una luz de paz y tranquilidad ante cualquier mundana inquietud. No quise probar la manzana dorada, pero su fugaz mordisco se derrite en mi sangre con cada sentido nuevo que le encuentro a todo esto.

Un sinsentido muy sentido y con mucho sentimiento. La inocencia hecha presencia, la expectativa inexistente y las posibilidades infinitas. Y todo tiene sentido. La magia surge de las heridas sin cerrar de un remoto viaje del que nunca regresé, brotando entre las pestañas las gotas del mar profundo que me llevaron a las costas de mis esperanzas. ¿Se puede encerrar mi tormenta en una pequeña gota? No lo creo, sinceramente. Ponerle alas de mariposa a un águila es un flaco favor para el ave. Aquí sucede lo mismo.

Por todo eso miro al cielo y le pido a los dioses que todo esto sea real. Y que me dejen vivirlo aquí y ahora. La mujer del agua llegó con su peine de oro y me ha dado una riqueza inconmensurable. Ha despertado al durmiente, ha acariciado al caballero herido, ha comprendido al loco hechicero... Porque he saboreado el dulce en su sal, la paradoja en su cabello, la ternura en un abrazo y la magia en todo ello.

No sé a que extraño lugar me conducirá el vagar de mi corazón. Pero de momento me aferro a sus alas y me dejo volar, lenta, suave y dulcemente, a los cariños venideros y sus regalos de esperanza y libertad. Porque he aprendido que lo más amado es la libertad. Y sin ella no somos nada. Con ella, podemos serlo Todo.

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