dilluns, 6 d’abril de 2015

Carta para los enamorados


Queridos amantes, amados y amadas:

Hoy el dios del amor me trae unas dulces palabras para todos vosotros. El olor a canela impregna el ambiente, las rosas están todas en flor. Escuchad la maravilla que os traiga, deleitaos con el tesoro que tengo para vosotros. Voy a confiar el terrible secreto que se esconde tras cada latido de amor y pasión, la esencia de todos nosotros, la alegría más profunda. El amor.

El amor es la espina que se clava en los corazones e invade vuestro ser de una alas que nada ni nadie puede parar. La sensación de querer y poder darlo todo, fuego que es capaz de arder en el hielo. Pero todos vosotros teméis el lado oscuro de los corazones y, como no, del Amor. Pero eso es porque no habéis entendido el amor, la receta y el secreto de lo que significa Amar.

Amar comienza con las miradas furtivas y los latidos arrinconados e inesperados. Los amantes comienzan sus andanzas de una manera juguetona y alegre. Las flores nacen por donde pisan, cualquier  rincón es susceptible de saborear el azúcar de sus bocas uniéndose. La Luna se vuelve una cómplice de los arrebatos y las risas íntimas, una atmósfera perfumada entre flores y cartas de amor recién escritas y besadas. Y todo eso es un fuego que nos consume por dentro porque hemos encontrado un alma dispuesta a unirse y nosotros, para ayudarnos a entender de qué está hecha la tierra, qué hay en las más profundas grutas del Ser.

En esas profundas grutas del Ser encontramos dos cosas, una serpiente y un hurón. La serpiente es todos aquellos venenos de nosotros mismos que azotan a los demás cuando picamos. La cola del escorpión, veloz y viperina, que nos recuerda que no somos nada y nunca podremos alcanzar lo que anhelamos. Su terrible embrujo se manifiesta en los azotes de nuestro carácter, haciéndonos huraños y rabiosos, ciegos ante la hermosa verdad de que es un veneno inocuo, que la serpiente nada puede hacernos.

Y luego está el hurón, el que se cree más astuto que nadie y cree poder salirse siempre con la suya. El hurón cree que la serpiente no es rival y que todas las grutas son suyas. Se cree una gran Bestia cuando no es más que un superviviente. Es hurón toma forma de orgullo y Ego, terribles fantasmas a vencer con la entrega a los demás. Entonces el hurón se asusta y no caza a la serpiente, se hace su amiga.

Y en las profundidades del Ser el Hurón y la Serpiente se manifiestan en nosotros y en quienes amamos, y debemos aprender a lidiar con ellos. Experimentar la unión verdadera con otra persona implica en aceptar su Hurón y su Serpiente, sabiendo que su lucha por conjugar esas fuerzas es latente en su alma. Sabiendo que cada sufrimiento es la tierra, la profundidad y negrura cálida y tierna, materia primordial, que nos ama y nos anhela, como nosotros debemos amar sus criaturas.

Porque el secreto está en que debéis amar como la Tierra, no como el Hurón o la Serpiente. Abrid vuestras flores en la primavera, rociad de perlas los mares de alegría. Sonreíd ante los abrazos, abrazad las dificultades juntos. Sean dos, tres o mil los implicados, cuanto más améis más libres sois. Amor en vuestros corazones y comprensión ante las patadas de los otros. Protección y ternura, siempre acompañadas de intimidad y respeto, comprensión y cariño. Pero no os apeguéis a nada de lo hermoso, todo caerá y se pudrirá en el invierno, fertilizarán las flores las tierras negras del Verdadero Amor de la Tierra, capaz de producir las maravillas más grandes de la existencia y tragárselas en la Muerte para generar otras mil maravillas indescriptibles más. Y si amáis así vuestro Amor será para Siempre.

Puede que las flores hayan hecho volar mi mente, la dulzura de la primavera ha emborrachado mis sentidos. El amor está en el aire, flotando entre polen y calor estival. Mi receta puede estar algo volada, pero no por ello dejará de tener sentido. Los amoríos que tengáis puede que sean todo lo que he dicho, o puede que algo que nuestras mentes entenderán. El misterio queda servido y estas son unas palabras del propio dios del Amor.

Y no habla el que escribe, habla el dios. Pero por boca de un humano. Y todos los hombres pueden equivocarse.

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