diumenge, 2 de novembre de 2014

Una velada con el Diablo de los locos.



Lo más bello de este mundo se consume como un fuego frío que apaga los corazones. No hay melodía que no se cierre con un brutal y claro silencio, cortante y seco, recordándonos el final de los finales, la gloria entre las ilusiones marchitas. Un recoveco de nuestro interior nos permite mirar con los ojos acristalados de la experiencia los placeres que le robamos a la materia en instantes de locura. Y todo eso se despide con el más cruel de los besos, acariciando lentamente los poros de nuestra ternura más íntima, deseosa de estremecer y vibrar, anhelante de ser salpicada con la luz de una luna caprichosa.

Quedan tras nosotros los momentos lúcidos, se olvidan los marcos que delimitaban las imágenes de nuestras vidas. Ahora es tiempo de volar más allá de los cercos impuestos, saltar de color en color, de canción en concierto, tomando los dulces y permitiéndonos alimentar nuestras ansias de aventura desmesurada. La conciencia cacofónica se torna un gris plateado enfermizo de mirarse al ombligo; un hermoso agujero negro en el que el vacío de lo que somos se refleja en un charco de sinceridad. El dolor se tiñe las canas con intentos de olvido, impregnando un terrible aroma en la piel de los que tocan esa melena. Advertidos quedáis de que en el umbral de la locura se encuentran las cosas más razonables. Que en los besos más queridos hallaréis el dolor más fino y bien pulido. Que no hay delicadeza mayor que la del volar de la guadaña de la cristalina y bella muerte.

Corréis de un lado para otro esperando encontrar algún sentido a tanto ajetreo. ¡Ilusos! No sabéis que en el barullo de la mente podréis comprender los mayores misterios que de otra manera jamás quedarían entendidos. Mirad los ojos de los enfermos y comprenderéis el verdadero rostro de la miseria. Observad la cruel y despiadada sentencia de los egoístas. Bailaréis al son de los insanos que rompieron todas vuestras esperanzas en cachitos de cristal venenoso y mugriento. Sólo quedará la muerte para todos vosotros en el valle de los caídos en la gloria de la batalla. Todo lo que podréis esperar serán orgasmos mutilados que harán sangrar vuestros órganos desbordando vuestro interior de desespero infinito. Las lágrimas se hundirán en vuestras carnes como los dedos de los amantes intentando asirse. No quedará más remedio que aceptar la verdadera y cruel anatema. El rival de todo amor, la perdida de todo ser. El susurro de todo querer, olvidado en los rincones de algún labio podrido por su propio vagar.

Se te acariciará con la riqueza, los bienes caerán de las montañas de tus deseos. Nada faltará en éste tu mundo, nada se perderá en ésta tu mansión. Sólo los vacíos de los pasillos huecos resonarán en tu conciencia marchita y nauseabunda al sentir y escuchar en la lejanía aquello, los gritos desgarrados de tus sentimientos al ser asesinados. Una horda de desesperación arañará tu piel arrancándola a jirones de tus huesos, sangrarás todo aquello que viniste a evitar, morirás por todo aquello que viniste a combatir. Serás el desprecio de todo aquello que habrá visto la luz. Tal es mi promesa de un día mejor. El amanecer que nunca llega, el anochecer que nunca cae y la noche que nunca termina. Firma tu pacto con los albores de tus esperanzas y réstame en el contrato todo aquello que algún día amaste, porque jamás volverás a saber de ello; sólo el vacío y la frialdad serán tus amigos. Sólo la muerte y mi mano, serán tus señoras.

Atentamente, el Diablo de los locos.

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