dijous, 30 de gener de 2014

Para ti, hermano.



Hoy he recibido una llamada que me ha regalado un momento de ilusión, un instante en el que he sonreído y he dicho con la voz interior: "Adelante, sigue tu camino hermano". Hoy ha sido un día que escuchar tu alegría me ha hecho recordar mi fortaleza, así que hoy estas palabras van por ti, hermano. Hoy me dirijo a la que es una de las personas más importantes de mi vida, que llegó por casualidad, como todas las buenas historias, y me ha hecho ver el mundo como nadie antes me lo había enseñado.

Recuerdo los primeros días en que te conocí. Era un crío, un adolescente inseguro con mucha fantasía en la cabeza y con algún que otro tornillo suelto en el interior. Y te recuerdo a ti, no en mucho mejor estado que yo, como te ganaste un curioso afecto por mi parte. Me caías bien, pero entonces no supe apreciar el valioso don de escuchar y soñar que tienes, un don que redescubrí casi 6 años después gracias al azar y la virtud que nos unieron.

Y nos unieron en el mejor de los lazos, el más profundo y el que crea más raíces, nos unieron en nuestro lado oscuro. Tanto el lado oscuro de nuestros peores momentos como el lado oscuro de nuestros peores vicios. Nos hemos enseñado a ser malos y a ser mejores; nos hemos enseñado a ser auténticos y, sobretodo, nos hemos enseñado a que hay un Destino reservado para nosotros. Pero no todo ha sido oscuridad y pasiones, también descubrí en ti la paz de una agradable conversación, la alegría de una buena risa y la calma de la confianza y el respeto. Me has agarrado para que no caiga muchas veces y me has ayudado a volar en muchas otras, así que por todo eso: gracias.

Y sé que puede parecer exagerado, pero lo que he crecido gracias a ti sólo lo saben nuestros ojos. Gracias a ti he tenido el valor de ser malo y el máximo atrevimiento de ser bueno y el mejor. Nunca olvidaré los consejos que sabiamente nos hemos intercambiado y que han sido unidireccionales en nuestros corazones: siempre mejor que ayer, siempre mejor que hoy y siempre juntos aunque el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Y personalmente, me agarro a tu amistad como a uno de los mejores amuletos, pues nunca me siento solo y nunca me siento incomprendido, y eso hasta ahora sólo lo habías logrado tú. Y contigo he encontrado a la compañera de sendero que ha logrado darme también su comprensión, paciencia y cobijo, y menciono ésto porque sin tus palabras en su momento adecuado quizás no estaría en el palco divino en el que estoy.

Eres grande, una gran persona con grandes virtudes, nunca lo olvides. Sé que a veces nos puede la autocrítica y ambos sabemos que tenemos muchos errores cometidos, parches que ocultan oscuridades que vencemos día a día a medida que avanza nuestro camino. Gracias por ser noble y generoso, gracias por haberte convertido en el hermano que nunca tuve hasta ahora, pues en ti he visto el verdadero significado de la palabra amistad.

Por todo eso, hoy me he puesto feliz. Feliz de ver que no estoy loco y que tengo una gran persona como amigo, una gran persona que está haciendo realidad sus sueños como un triunfador, una persona que ha sabido ver el cielo y ha aprendido que con trabajo y perseverancia podrá volar todo lo lejos que quiera.

Simplemente, gracias por ser quien eres, gracias hermano por demostrarme que no estoy loco, que los dioses nos miran y el mañana será grande y bueno con nosotros. No voy a rendirme hasta que seamos lo que tantas veces hemos prometido en la mágica montaña de Montjuïc, mirando los cielos y los paisajes que algún día serán como si fueran nuestros. Así que recuerda hermano, nos podrán tirar, pero nunca podrán evitar que nos levantemos y sigamos luchando.

Enhorabuena por el día de hoy, te mereces eso y toda la gloria que los dioses nos tienen reservada. 

Te quiero mucho.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada