dimarts, 16 de desembre de 2014

A ti yayo, hasta pronto.




Las despedidas siempre son algo difícil de asumir. Como todo lo malo en esta vida, suele pillarnos desprevenidos, con los pantalones del alma bajados ante las otras inclemencias de nuestra existencia. Hace poco un adiós se cruzó en mi camino en forma de muerte, partió hacia su cielo de la mano del segundo padre de toda mi infancia, dejándonos a todos con un sabor a café oxidado en los labios, como si el olvido pudiese saborearse y olerse por un instante.
Ver como alguien se marcha de este mundo es como ver marchar un barco por el horizonte. Algo se aleja de ti y desaparece en un punto indefinido, imposible de ver con los ojos, pero sabes que esa nave sigue navegando más allá, contra otros vientos y mareas del lado oculto de la existencia que nunca comprenderemos, hasta que llegue nuestro bote para ir tras la fina línea que separa el mar del cielo.

En momentos así es fácil pensar en el dolor y la desesperanza, pues esto comienzan a perseguirnos tras cada esquina, llenando las ausencias con su presencia gris y amarga. La luz parece extinguirse y los miedos se pasean por nuestra piel, frágil y humana, como un cruel recordatorio de todo lo que somos. También llegan a nosotros todos los planes futuros rotos para recordarnos lo que nunca podrán llegar a ser, así como todos los arrepentimientos pasados hacen gala de sus mejores vestidos de tristeza en un desfile de pensamientos bajo el patronazgo de las memorias que fueron y nunca más volverán.
Con un panorama así es fácil rendirse, parece sencillo dejarse llevar por las amarguras, pero lejos de ser la opción más fácil, una parte de nosotros enciende la estufa de la esperanza, alimentándola con las ramas rotas de todo el amor que se quedó por ofrecer. Entonces nace una fuente de calor que nos arropa y nos obliga a acurrucarnos en el seno de lo más primordial de nosotros mismos, incubando en ese sueño de duelo todo lo que nos espera de ahora en adelante: un camino que seguir y unos sueños que alcanzar.

Y al principio todo eso parece una montaña imposible de subir, pues la mochila de nuestra conciencia sigue cargada con todo aquello que no hicimos, pero a medida que vamos superando nuestras perezas y el letargo se marchita en nuestro interior, surgen las flores de nuevas primaveras ante nuestros pies, los brotes de alegría se dejan asomar en los bordes de nuestro sendero y todo parece volver a su cauce.
Pero no es hasta que transcurrido un buen trecho y nuestros pies empiezan a quejarse, cuando nos damos cuenta que hemos llegado a una cima de experiencia, viendo en la lejanía todo lo que hemos dejado atrás. Muchas cosas en su momento parecieron imposibles de superar y otras muchas lo siguen pareciendo a pesar de haber sobrevivido a ellas. Y en ese monte de nuestra vida, tras haber caminado las rutas de la vieja muerte y haber escalado por las paredes de la superación, vemos de nuevo el horizonte. Esa fina línea por la que un día desapareció una persona a la que le dimos un pedacito de nuestro corazón para que lo guardar allá donde fuera. Y es en ese momento, en la altura de la experiencia, cuando podemos ver como el barco de su alma sigue navegando otros mares, con distintas islas, con distintos vientos y con distintas mareas. Un barco que espera pacientemente nuestra llegada cuando sea nuestra hora. La hora de remar con la parca bajo los vientos de la eternidad y con la brújula del Destino.

A todos los que hayáis sufrido una pérdida os quiero mandar un mensaje de esperanza. Puede que ahora no lo entendáis, pues todo adiós viene cargado de tristeza, pero no os rindáis. Llorad todo lo que vuestro corazón os dicte, pero no olvidéis de regar con esas lágrimas las semillas de nuevos amaneceres, pues vosotros aún seguís aquí en esta vida. Si en algún momento vuestro ánimo decae y todo parece volverse gris de nuevo, pensad en que aquellos que ya no están siguen entre nosotros más allá de las estrellas, deseando que vivamos y regalemos al mundo todas las sonrisas y sueños cumplidos que ellos no pudieron compartir con nosotros. Tarde o temprano nos llegará la hora de volver junto a ellos, pero hasta entonces, no olvidéis que tenéis que hacer que se sientan orgullosos, ya sea con vuestra sonrisa o con la de aquellos que están por venir. Se lo debemos.

diumenge, 9 de novembre de 2014

Visiones desde el Abismo



Todo amaneció en las palabras de aquella mujer,
serena en lo más profundo de lo oscuro.
Ella era el cielo negro que todo lo envolvía,
sus senos eran la promesa de una luz.
Su útero las palabras del regreso a la oscuridad
De la luz.

A ella llegó un hombre, duro y celestial para penetrarla.
Todo ocurrió en un instante eterno, las miradas se fundieron,
los abrazos llegaron de los más hondo, surgían bocanadas de magia.
La vida se fundió con la muerte, el negro con el blanco.
Todas las rocas se evaporaron, todos los cielos cayeron.

Tras el amor sólo puede haber vida,
tras un acto sólo puede haber una consecuencia.
Y del sublime acto surgió el cosmos múltiple.
Todos hijos e hijas de la más profunda luz.
Todas hijas e hijos de la más elevada oscuridad.

Y el cielo se volvió negro en las alturas,
descendiendo desde el útero de la Totalidad unida.
Todos caímos como rocas en el valle de la apariencia.
La apariencia nos disfrazó del barro que nos dijeron que éramos.
Y así surgió la falsedad, como una consecuencia de su opuesto.

Y la Luz tuvo que volver a ser Oscuridad para comprender.
Y la Oscuridad se hizo Luz tras comprenderse.
Y quien lea estas palabras y las entienda,
empieza a conocer que todo lo que hay nunca ha estado, 
pero siempre estará.


diumenge, 2 de novembre de 2014

Una velada con el Diablo de los locos.



Lo más bello de este mundo se consume como un fuego frío que apaga los corazones. No hay melodía que no se cierre con un brutal y claro silencio, cortante y seco, recordándonos el final de los finales, la gloria entre las ilusiones marchitas. Un recoveco de nuestro interior nos permite mirar con los ojos acristalados de la experiencia los placeres que le robamos a la materia en instantes de locura. Y todo eso se despide con el más cruel de los besos, acariciando lentamente los poros de nuestra ternura más íntima, deseosa de estremecer y vibrar, anhelante de ser salpicada con la luz de una luna caprichosa.

Quedan tras nosotros los momentos lúcidos, se olvidan los marcos que delimitaban las imágenes de nuestras vidas. Ahora es tiempo de volar más allá de los cercos impuestos, saltar de color en color, de canción en concierto, tomando los dulces y permitiéndonos alimentar nuestras ansias de aventura desmesurada. La conciencia cacofónica se torna un gris plateado enfermizo de mirarse al ombligo; un hermoso agujero negro en el que el vacío de lo que somos se refleja en un charco de sinceridad. El dolor se tiñe las canas con intentos de olvido, impregnando un terrible aroma en la piel de los que tocan esa melena. Advertidos quedáis de que en el umbral de la locura se encuentran las cosas más razonables. Que en los besos más queridos hallaréis el dolor más fino y bien pulido. Que no hay delicadeza mayor que la del volar de la guadaña de la cristalina y bella muerte.

Corréis de un lado para otro esperando encontrar algún sentido a tanto ajetreo. ¡Ilusos! No sabéis que en el barullo de la mente podréis comprender los mayores misterios que de otra manera jamás quedarían entendidos. Mirad los ojos de los enfermos y comprenderéis el verdadero rostro de la miseria. Observad la cruel y despiadada sentencia de los egoístas. Bailaréis al son de los insanos que rompieron todas vuestras esperanzas en cachitos de cristal venenoso y mugriento. Sólo quedará la muerte para todos vosotros en el valle de los caídos en la gloria de la batalla. Todo lo que podréis esperar serán orgasmos mutilados que harán sangrar vuestros órganos desbordando vuestro interior de desespero infinito. Las lágrimas se hundirán en vuestras carnes como los dedos de los amantes intentando asirse. No quedará más remedio que aceptar la verdadera y cruel anatema. El rival de todo amor, la perdida de todo ser. El susurro de todo querer, olvidado en los rincones de algún labio podrido por su propio vagar.

Se te acariciará con la riqueza, los bienes caerán de las montañas de tus deseos. Nada faltará en éste tu mundo, nada se perderá en ésta tu mansión. Sólo los vacíos de los pasillos huecos resonarán en tu conciencia marchita y nauseabunda al sentir y escuchar en la lejanía aquello, los gritos desgarrados de tus sentimientos al ser asesinados. Una horda de desesperación arañará tu piel arrancándola a jirones de tus huesos, sangrarás todo aquello que viniste a evitar, morirás por todo aquello que viniste a combatir. Serás el desprecio de todo aquello que habrá visto la luz. Tal es mi promesa de un día mejor. El amanecer que nunca llega, el anochecer que nunca cae y la noche que nunca termina. Firma tu pacto con los albores de tus esperanzas y réstame en el contrato todo aquello que algún día amaste, porque jamás volverás a saber de ello; sólo el vacío y la frialdad serán tus amigos. Sólo la muerte y mi mano, serán tus señoras.

Atentamente, el Diablo de los locos.

diumenge, 26 d’octubre de 2014

El Aquelarre del Circo del Mundo.



El mundo es una pista de circo. Un enorme escenario dispuesto a albergar las maravillas más magníficas, capaz de mostrar los arcoíris del alma más remotos y listo para convertirse en el mayor espectáculo de todos. Los payasos del Inframundo, disfrazados de falsas ilusiones; los malabaristas del Destino, dispuestos a no detener sus juegos; los músicos del Adiós, recordándonos con sus melodías todas las heridas que el tiempo nos ha dejado; el forzudo del Tiempo, reflejando en sus hazañas nuestra debilidad más evidente; el domador de Temores, capaz de someter sus miedos más profundos a la voluntad de su látigo; y la mayor estrella de todas, la dulce Amor con su amante la Muerte, en su magnífico número de danza aérea, al borde de la vida, al borde el abismo.

El espectáculo llena las gradas de espectadores de la Esperanza, viejos soñadores dispuestos a disfrutar de la función como recordatorio de lo que realmente somos. Los focos de las verdades iluminan la pista de la Sinceridad, mostrándonos lo que es auténtico en todo esta farsa de pícaros y rufianes. Los músicos empiezan a tocar y entonan las melodías del bullicio de la existencia. Los perfumes de los amaneceres se entremezclan con los almizcles de los tedios, resultando un sentimiento difícil de encerrar en una simple palabra. Tras la música llega el Gran Señor de todo este circo, el Capitán de los Locos, el Mafioso del Amor, Traficante de la Muerte y Maestro de Ceremonias. Su gran Ceremonia ha empezado, capitanea nuestras almas hacia los abismos de los dolores más extremos a través de los placeres más mundanos; nos eleva mediante el fuego hacia las estrellas de la dulzura y nos transmite "eso", la visión de la realidad más absoluta, todo, la vida y la muerte. Todo. Todo eso.

Los increíbles números que presenta el Gran Maestro son ruedas que giran en una existencia eterna, recordándonos que todo vuelve, que todo regresa. Que lo que va de un lado a otro siempre oscila. Una danza en la que todo está en un perpetuo movimiento que debido a su infinita velocidad parece tranquila y estática. Todo tiene su sentido y a su vez todo tiene su causa. Que de la luz desciende la tiniebla para entender la oscuridad, que de la oscuridad ascienden las estrellas que algún día nos guiaran. Un maravilloso espectáculo de la mente, una enorme totalidad, la vida en muerte vivida.

Y tras una intensa función que nos ha transportado por los senderos de la maravillosidad, debemos regresar a nuestros hogares para comprender lo que se nos ha mostrado, todo lo que el Gran Maestro de Ceremonias en su rito antiguo y sincero nos ha mostrado. El resto es silencio.

dilluns, 20 d’octubre de 2014

Con amor, gracias.



A la amante que me acuna en todas mis pesadillas:

No es la primera carta que te escribo y tampoco será la última. Volver a sincerarme contigo es recordar todo aquello bello que hay en esta vida, acariciar la ilusión de la fortuna y saborear los pequeños placeres prohibidos que nuestra alma olvida con tanta facilidad. Sinceramente, con una recompensa así de grande, cualquiera se haría adicto a recitar sus sentimientos. Yo sólo sacio mi ansia de querer devorarte, mi alegría de disfrutar cuidarte y mi miedo de perder aquello que más amo.

Estas palabras son un gesto de amorosa y sincera gratitud. Simplemente, debo darte las gracias por todo. Todo. La inmensidad se me queda corta contigo, pero sencillamente es que me lo has dado todo. Tu regalo luce el disfraz de buenos momentos, adornado con los más sinceros besos y perfumado con el sudor cálido de algún arrebato. Pero su interior es aún más bello que su máscara, pues alberga la esperanza de la redención, la ilusión de un nuevo día, el deseo de ser mejor y la certeza de conseguirlo. Es difícil hacer entender la gratitud que supone pasar de la fe a la convicción gracias al amor, es como saber capturar la luz de las estrellas y condimentarlas con todas las sonrisas que nos han regalado. Una libertad de aire y fuego que viaja a través de los rincones de la nostalgia y los sueños de los quijotes. Sencillamente, gracias a ti he descubierto que merece la pena ser mejor persona.

En mi vida he librado muchas batallas y he caído en muchas ocasiones. Me he demostrado que soy humano y que los errores son parte de mi esencia. Si no hubiese metido la pata hasta el fondo, nunca habría apreciado algunos momentos de auténtica desesperación, locura y tristeza, que me han enseñado, aunque sea de manera leve, el verdadero rostro del terror. Un rostro temible capaz de devorarnos en cualquier momento si nos lo tomamos demasiado en serio con él...
Y tras todos los momentos terribles y con los errores como maestros, descubrí en tu amor un analgésico que amainó cualquier daño que precisara ser vengado. Eliminaste muchos de los oscuros deseos de odio que crecieron desde hace mucho en algún callejón olvidado de mi mente. Sencillamente, abriste la ventana de mi cabeza y aireaste en mi el frescor de la dulzura y la belleza de todo aquello que merece ser vivido en esta vida.

Entiendo que a veces te cueste verte de la manera en la que yo te describo. Sé que el olor a cansancio y las exigencias de un cocinero acelerado no ayudan, pero es en todo tu esfuerzo y tu esmero en la batalla de la vida donde he aprendido a querer. Gracias a que he visto un poco tu tristeza he aprendido a amar tu alegría. Da igual como te pongas, eres guapa tal y como estés e impresionante siempre que lo desees (y conmigo  tampoco hace falta que lo desees mucho). Sólo no olvides que nunca dejaré de ofrecerte un café al despertarte y que prefiero más una de tus rarezas que miles de fortunas que puedan ofrecerme.

Así que, amor mío, gracias por ofrecerme tus sonrisas y por dejarme secarte las lágrimas. Gracias por quererme y dejarte querer. Gracias por todos los momentos de ternura, todos los besos y todas las caricias. Gracias por entender que no hace falta que nos demos las gracias. 

Con amor, Carlos.

dimarts, 30 de setembre de 2014

Unos pasos más abajo


Unos pasos más abajo, sin detenerme ni mirar atrás. Unos pasos más abajo suponen admitir que ya no hay marcha atrás, que llegó la hora de sumergirse con lo puesto y ver hasta donde somos capaces de llegar... Y regresar...

Esta época siempre logra emocionarme. Todo parece que se rodea de un aura melancólica y dulce, como un perfume sutil que lo impregna todo, parecido al olor a tierra mojada con una suave llovizna. Una época que comienza el momento de afrontar la inevitable y gradual inmersión en uno mismo, pues ya ha habido una primavera y un verano para tener campañas y embarcarse en aventuras. Las hojas caen recordando que con ellas todos descendemos, el mundo nos trae la lluvia y el gris invade lentamente los rincones de nuestras calles. Nos persigue una bruma fría y húmeda que se cala en los huesos, y en ella percibimos lejanos recuerdos: las copas brindadas y tomadas, dulces y amargas, los colores de los amaneceres robados y, cómo no, los tintineos y crujidos de lo que está por llegar.

Entre toda esa suave marea descendemos unos pasos más abajo, donde están las primeras capas. Una tierra ennegrecida por nuestras meditaciones oscuras comienza a invadirnos a todos aquellos que tenemos algo que purgar. Al principio todo parecerá confuso, parece que nos adentramos en un mundo cuyas puertas son siniestras y terribles, dolorosas de cruzar... Pero no debemos asustarnos, aún hay que atravesar el verdadero umbral, aquel profundo e inmenso abismo del que sólo unos pocos han regresado: El Otro Lado, la verdadera oscuridad, el oscuro precipicio de los caídos y la tierra de los muertos. Distintos nombres para el mismo Inframundo, el lugar en el que encontrarnos con aquellos que ya viajaron sin regreso, el mundo en el que presentarnos ante la Muerte, el Señor del Abismo y la Doncella de la Mismísima Oscuridad.

En la presencia de las más oscuras flores de lo Profundo pactaremos con ellos y nos darán el material en bruto que es todo aquello que deseemos en potencia. Pero no debemos olvidar que la ida sin el regreso sería un viaje a medias, por lo que habrá que volver y huir de todo aquello que quiera obligarnos a permanecer en las calderas de los vacíos o quiera vernos vagar en el Gran Olvido. Sin mirar atrás y sin perder de vista nunca la salida hacia arriba volveremos y recruzaremos ese umbral, el que nos separa del Oscuro Abismo.

Unos pasos más abajo y me espera todo eso. Enfrentarme con la mano que me repartió el crupier de mi voluntad y apostármelo todo a una sola jugada de valor. Sin duda alguna va a ser una hazaña un poco épica, pero que todos los que hayan descendido recuerden que, sin duda, están en el camino del Héroe: aquél que nació de lo más alto y lo más bajo, otra vez.

Llegó la hora de andar unos pasos más abajo. Veo la entrada, se acerca el Abismo. Sólo unos pasos más abajo... Sólo unos pasos más...

dimarts, 2 de setembre de 2014

Así que...

Queda menos, falta poco y llega el momento. Como todos los aquí presentes, nunca recordaré los primeros y dulces momentos, aquellos en los que todo dependía de vosotros. Pero si de esos momentos no me acuerdo es porque, sencillamente, no era el responsable de lo que estos suponían. De todo lo que a continuación voy a acordarme sí que tiene sentido que así sea, porque son los momentos que me han traído hasta aquí, porque son los que me han convertido, me guste más o menos, en lo que soy ahora. Y en todos ellos algo tenéis que ver vosotros dos.

Nunca me ha faltado de nada, he tenido de todo y me han sobrado motivos para sonreír, no lo voy a negar. Desde pequeño si de algo he podido lucir ha sido de cariño y dedicación. No he conocido ni el hambre ni la desdicha, tampoco la rabia ni los enfrentamientos, así como siempre me han acompañado las palabras tiernas de una madre que nunca ha dudado en abrazarme y los chistes malos de un padre que siempre me ha arrancado una sonrisa. Ni mi adolescencia y mi reciente etapa adulta han estado exentas de educación, alegría, comprensión y todo aquello que un hijo pueda y necesite aprender. Sea esto bueno o sea malo, porque ambas son necesarias para curtir el cuero del alma y hacernos fuerte frente a las palizas de la vida.

Ha llegado el momento de mi vida en el que puedo afirmar, sin temor ninguno, que ya soy un hombre. Citando una mítica película he de desvelar que "he visto cosas que jamás imaginaríais"... Muy a mi pesar, ya he cometido suficientes errores como para ser un poco sabio; he tenido atrevimientos que me han desvelado algo inconsciente y a la vez temerario; he tomado decisiones que me han configurado como lo que soy y, lo más importante de todo, no me arrepiento de nada. Todo lo que ya sucederá en mi vida será por mi mano y para los míos, siendo totalmente responsable de mi caída o mi alzamiento...

Y por todo eso estamos aquí, porque sin vosotros no tendría las herramientas ni el valor de estar seguro que serán más las victorias que las derrotas. Porque sin esa voluntad de traerme a este mundo y sin el amor que se precisa para levantar la auténtica Torre de Babel que es la vida humana, no habría un Carlos que escribiera estas palabras. Los alquimistas hablaban de realizar la Gran Obra, y aunque esté seguro que no habéis estudiado ni leído uno de esos complicados tratados, sé perfectamente que habéis realizado una de ellas.

Porque si puedo resumir todos estos años en dos simples afirmaciones, son estas. Que de mi madre, la que me tuvo en sus entrañas y me dio a luz un veintiséis de mayo, he aprendido que no hay obstáculo que sea suficientemente alto, que la fuerza y la voluntad valen más que cualquier problema y que todo, sea lo que sea, se supera. Y de mi padre, aquel que me ha enseñado a apreciar el verdadero oro de este mundo (el que ni se ve ni se llega a tocar), que nunca, jamás en la vida, debo dejar de ser un niño, por hombre que sea. Porque la voluntad sin la fuerza y el asombro de un niño no vale nada.

Por todo esto y mucho más diría mil cosas, pero entre ellas está el hecho de que quizás nunca más vuelva a vivir en la misma casa que vosotros. La vida da mil vueltas y nunca diré de este agua no beberé, pero así son las cosas y, de una manera inesperada, empiezo a volar a esa aventura para la que me habéis entrenado, armado y preparado. Y con la Fuerza de mi lado y la valentía en el otro, sólo que me queda decir que, con vuestros errores y vuestros defectos, vuestras virtudes y locuras, os quiero.

Así que... Gracias por todo.

dissabte, 30 d’agost de 2014

πάντα ρεῖ



Tras una ola llega otra, el ciclo no de se detiene y en el movimiento perpetuo podemos comprender la quietud del universo. En su todo fluye está su esencia, pues es un movimiento que es, y lo que es siempre será, pues no puede llegar a no ser.

Mi vida cambió cuando decidí cruzar el umbral. Una puerta ansiosa de ser abierta pero peligrosa e incomprensible para aquellos que no hayan entendido que en su ardiente sombra se esconden verdades de la vida muy necesarias de comprender. Y abrí el pomo de mis límites, hice crujir las bisagras de mis excusas y razones, crucé el marco de aquella entrada hacia un descenso angosto y oscuro hacia los pasillos de mis miedos más primitivos, de mis monstruos más ancestrales y las locuras más vivas y presentes y, a la vez, las más ignoradas. Descubrí en aquel descenso cosas terribles que era capaz de hacer y los monstruos que mi mente podía llegar a someter.

Como todo descenso empieza con un sometimiento a todo el peso que queda sobre tu cabeza. La tierra se sostiene en un delicado túnel sumergido por un delicado equilibrio. Ella misma sostiene sus propias entrañas y si la tierra se retuerce o tiembla, sus oscuros recovecos cambiarán de forma y dueño. Así sucede y así sucederá. Tras ese sometimiento comienza el despojo, te despojas de aquello que no necesitas, de aquello que no has querido admitir, tus miedos y fracasos, pero también te despojas de todas las sonrisas y las alegrías, de los abrazos vivos que acariciaban la frescura de tus párpados todas las mañanas. Te desnudas de recuerdos y amores, para terminar arrancándote la piel y los huesos, deseando que en lo más profundo haya una razón y sentido, la clave que de sentido al cerrojo. La llave que merezca el esfuerzo encontrar en los abismos de todas aquellas hechicerías oscuras para dominar lo que está abajo y así comprender lo que está arriba.

Y una vez allí, desmembrado de todo aquello que te hizo creerte, lo encuentras. Lo ves en el horizonte de esa unidad, vislumbras en tu múltiple caída la totalidad y el sentido que se encuentra tras todas aquellas fragancias y momentos. Comprendí que nada ocurre sin su sentido, que todo es lo que debe ser. Comprendí que cada instante es como debe ser, que luchar no tiene sentido, que batallar carecía de razón. Y, por un sublime y fugaz instante áureo, me fundí con aquella razón, minúscula y única, infinita y totalitaria. Besé los labios de mi verdadero corazón y soñé con todos los mundos habidos y por haber, ayer, hoy y siempre.

Y en ese fondo, en esa profundidad vi la luz de nuevo y comenzó el ascenso. Con los ojos cerrados a la ignorancia, comprendiendo todo aquello que antes era incomprensible y sabiendo que es lo que es y que no lo que no es. Abrí las alas, unas alas plateadas que el abismo me regaló, forjadas con la experiencia y la paz que te otorgaba la comprensión, ascendiendo sobre todo aquello que debía deshacerme. Sabiendo que cada mirada a partir de ahora es mis ojos. Sabiendo que en cada suspiro están los míos. Saboreando con el placer de hacerme sutil el viaje que a todos nos concierne, el de la vida. Viendo que en esas alturas alcanzadas todo era luz, todo era paz.

Y tras volverme más sutil que el fuego vi en esa gama claroscura del universo la razón. La razón que hoy se me permite desvelar, pues todos la conocemos, pero pocos la comprenden.  El motivo de la sinrazón y la alegría de la lógica, la lágrima del corazón alegre, el llanto que apaga el calor del miedo. Aquello que siempre hemos sido y siempre seremos. Ayer, hoy y siempre. El Amor.


dijous, 3 de juliol de 2014

Villano



Déjame ser tu villano. Déjame penetrar en la peor de tus pesadillas y extraer la esencia de tus terrores. Voy a presentarme como el más terrible de tus antagonistas, el destructor de sueños y el exterminador de esperanzas. Quiero que mi nombre sea la evocación del horror y que la angustia al pensar en mi presencia sea el más terrible de tus venenos, uno de esos que te corroe el estómago y encoje tu corazón en una fría puñalada.

Debes saber que mis motivos no tienen nada de moral, simplemente quiero ver tu mundo arder porque así me lo pide el corazón. Deseo que tus bocanadas de aire entrecortadas por tu miedo sean el único placer que puedas saborear de este mundo. Voy a arrancarte de cuajo cada una de tus sonrisas sólo por lo que eres, voy a reducir a cenizas cualquier buen recuerdo de tu memoria, en la que buscarás el motivo de tal castigo y sólo encontrarás la desesperación de una respuesta vacía y sin sentido alguno: sencillamente es porque sí.

En primer lugar, me presentaré ante ti como el reto de enfrentar el Caos, pero verás que cualquier movimiento tuyo sólo sirve para alimentarme, engordando mi ansia de ver correr tus lágrimas de dolor. Tras mi presentación pasaré a invadir lentamente todos los rincones que considerabas remansos de paz, impidiendo cualquier alivio y descanso, haciendo que tus sentidos estén en constante alerta y no haya paz en tu inquieta alma. Por último, pasaré a ningunear tu nombre, sembrando el odio y la discordia entre aquellos que más amas, no sabiendo en quien poder confiar y a quien querer, haciendo de la sospecha y el temor tus únicos compañeros, dejándote con la única posibilidad de un enfrentamiento directo conmigo, la peor y más agria de tus parcas.

Verás mi sonrisa monfándose de tu desgracia, mis ojos rebosantes de gozo al ver que tu último placer te fue negado. Apretaré mis puños con toda la fuerza de mi locura, deseando en lo más profundo de mi corazón que cualquier fragmento de amor que pudiese quedar en tu interior más remoto haya desaparecido. Y con esa visión vislumbraré en el horizonte de tu mirada el peor de los males, el más terrible de los tormentos y la tortura más cruel jamás padecida. Tus músculos se paralizarán, dejándote a merced de mi insana voluntad, y ya no habrá escapatoria para ti.

Cualquier intento de pelea será en vano, porque ya no tienes nada por lo que luchar. Cualquier intento de vivir será nulo, pues ya no te quedarán motivos para seguir en este mundo. Sólo la soledad y los campos yermos de tu corazón son ahora tu hogar, un lugar en el que la angustia y la amargura serán tus únicas compañeras, viviendo noches de incontables pesadillas con el apestoso perfume del amor que jamás volverá y la paz que nunca tendrás. Y entonces, ya serás totalmente mío. Descubrirás que tú me diste la vida que yo me he encargado de destruir, la nuestra. Porque sin ti yo no soy nada, pero tú sin mí no tendrías motivos ni razones. Aquellas razones que te dicen que sigas adelante, aquellas que te recuerdan que debes ser el héroe de esta historia. Aquel que siempre ganará, aquel que siempre saldrá de todas sus batallas y nunca se rendirá. Nunca.

dimecres, 11 de juny de 2014

Tormentas, abordajes y algún ataque en alta mar.



Caigo en el pozo de tus sueños
dormidos entre las ramas del olvido
La tiniebla acaricia mi pelo,
dulces besos de lejanos recuerdos.

Oigo la luz subiendo por mis tímpanos
Los colores se tornan claros e impredecibles
Las tinieblas se disipan, marcha la duda
la preocupación y la desesperanza.
Crecen las flores por doquier
Suenan campanas en mi alféizar.

Se abren las puertas de un horizonte nuevo
en el que los barcos navegan libremente
con la única responsabilidad de su rumbo.
Guiados por el catalejo de la razón
y las cartas de a bordo de la experiencia.

Ahora soy responsable de buscar mi tesoro
y responsable de mis propios naufragios.
Capitaneo un buque de marineros como yo,
impredecibles, leales y quijotescos.
Si la tripulación se amotina, si levantan sus armas contra mi,
sé que podré imponerme, pues yo se las di.

Y viento en popa a toda vela,
el largo océano nos espera
impaciente de nuevos retos a enfrentar,
tormentas, abordajes y algún ataque en alta mar.

Pero no temáis por lo que pueda ocurrir,
si algún día algo falla,
recordad, marineros, que algún día ibais a morir.

Y ahora, rumbo al horizonte.



divendres, 30 de maig de 2014

A Eris iluminadora



De pasos circundantes en la danza en espiral
De los dioses del amor y la muerte, la amante.
Ofreces salvación y ambrosía de locura
con prostitutas y enfermedades
que beben de tus pechos bohemios
inconexos los muros de la mente,
límites de la podredumbre de aquellos.

Tú que ofreciste la primera manzana
la primera fruta dorada de bella palabra.
Que guías con la discordia de tu brazo
y susurras con el caos creador de tu ingle.
La vagina de tu interior se mece
adornada por los labios del conocimiento
humedos de placer
y dispuestos a beberse todo lo que ofrezco.

Viajas de un país a otro, como si de mentes se trataran.
Vives en los rincones de la hierba y los matices de las nubes
doradas de tu pelo salientes, vírgenes sin comprender,
animales sn matar ni recoger.
Destrozos y retales de las gotas de hielo que provocan,
iluminando con su arcoiris las inmundicias de nuestro mundo
porque mientras unos mueren de hambre,
otros sufren de amor
y otros gozan de dolor,
y unos cuantos agonizamos de Caos.

Caos de tu pecho inconstante
de los recovecos de tu piel que huelen a fruta,
supongo que a esa manzana de la más bella,
la que nunca debiste dar, pues a ti te pertenece
bella Eris, Caos incesante, Caos que subes por mis venas e iluminas aquello que no parece.
No parece porque nada es.
Nada es porque nada está.
Nada está porque no hay donde estar.
Sólo tus ojos bailotean en las pestañas de aquellos
que en un ápice de desgraciada locura te comprendieron.
Y supieron ver en tu boca la sonrisa de la demencia.
Y comprendieron que los conejos que brincan sobre tu cesped
son los mismos que mataron a Aquiles de un flechazo
Los mismos que torturan a aquellos que no vemos.
Insensibilizan a las tortugas de Zenón. Pobres tortugas.
Y te esperan, impacientes, palpitantes y orgásmicos en su placer.
El placer de verte llegar en tu carro
con la guerra en una mano y en la otra un helado recién preparado.
Listo para ser deborado y comprender
Comprender que aquí y ahora, aquí y siempre:
Serás la madre que nunca tuvimos,
La droga que siempre consumimos.
Y el Caos que siempre anhelamos.

Dime tú que sentido tiene la vida.
Dime tú que sensación provoca morir.
Porque en este sinsentido de existencia
toda locura es y será tu palabra.
Palabra que seguiré a ciegas.
Porque tu eres la que iluminas y la que muestras. La que no perdona, la que no cesa en su empeño.
Salve Eris, la de la gran manzana dorada. La de la gran iluminación.

Gracias por tu Caos.

dimarts, 20 de maig de 2014

Déjame que te cante esperanza



Tardes grises y días nublados. El color de los matices de la vida parece difuminarse mientras las gotas caprichosas salpican nuestros rostros. Gotas de tristeza y gotas de infortunio, las mismas lágrimas divinas que caían cuando algunos venían al mundo, las mismas sonrisas funestas que despiden a otros que marchan de este globo entre cielos encapotados por un caprichoso dios de la tormenta. La misma agua que moja el rostro inocente de algunas personas que nada de culpa albergan en su corazón, el mismo rocío que choca con aquellos cuyas palabras esconden veneno agriado con el paso de los años.

Veo en tu rostro el cansancio de los infortunios, el agotamiento del dolor y la fatiga de los nervios. Sé cuando tus ojos se nublan, como el cielo, para mostrarme que en tu interior se derraman tormentas de angustia, que forman charcos de dudas con los que es fácil resbalarse. Una lúgubre imagen de una sonrisa desdibujada remarca la comisura de tus labios y me hace escuchar en el eco de tus suspiros alguna que otra respiración de miedo. Es normal, muchas son las cosas que aguantar, muchos los obstáculos que sortear y demasiadas las punzadas que la vida te ha regalado, más por azar que por castigo.

Y ante este paisaje y con la enfermedad recorriendo mis venas, con más negro que color en mi paleta, puedo decirte que, quizás en un acto de videncia, he divisado en nuestro horizonte las llanuras de la paz, he visto el dorado de un nuevo día y la sonrisa de un joven lucero anunciado el fin de las tormentas. Déjame que te cante esperanza, alegrías de un nuevo amanecer que he visto. Déjame que te susurre los arrumacos que el mundo nos esconde tras cada esquina. Permíteme recordarte aquellas maravillas que están entre nosotros y te guíe hasta la isla del tesoro que está por redescubrir.

He visto el día en el que los amaneceres serán claros. Mañanas adornadas con el aroma de un café humeante y con el dulce tacto de sábanas recién desordenadas. Un caprichoso sol se colará entre las rendijas de una ventana cualquiera, desperazándonos de nuestros más profundos sueños y animándonos a ponernos en marcha. Un par de minutos serán un capricho para todo el trabajo que nos espera, la labor de hacer algo que nos gusta y el sentimiento de que, además, es lo correcto.

Sé que llegarán esos instantes en los que nos abrazaremos al llegar de un día largo e intenso, para acurrucarnos en cualquier esquina con la excusa de contarnos al oído anécdotas que nos hagan sonreir. Sonrisas que se dibujarán en nuestro ruestro tranquilo y sereno, sabiendo que todo cuanto pueda ocurrirnos podrá ser superado, conociendo que ni la impaciencia ni su gemela la prisa podrán con nuestros corazones, saboreando el ánimo de que nada ni nadie nos vencerá aunque ponga años de esfuerzo en ello.

Puedo afirmarte con seguridad que estos negros nubarrones no son nada. Que todos aquellos que pretenden minarnos son sólo estupidos golpes de agua chocando contra nuestro rompeolas a todo riesgo. Y, cómo no, decirte que la salud regresará, que la vitalidad con ella y el hambre de comernos el mundo se abrirá de nuevo en nuestras entrañas. No temas estos días de lluvia, que tras sus precipitaciones frías, llegarán los soles de los buenos días y las lunas de las buenas noches.

Y cuando te falte el ánimo y la desilusión se haga un hueco en tu corazón, déjame que te cante esperanza, acompañados con el aroma del café que te haga y su compañía predilecta. Que ya queda menos.

dijous, 15 de maig de 2014

El tiempo, todo locura.



Las pocas bocanadas de aire fresco que tomo de alrededor son como pequeñas lágrimas celestiales que alivian cualquier dolor. Corro agotado hacia un Destino inevitable que desconozco por completo, un destino que no me queda otra opción que aceptar y acatar. Sometido a las agujas del reloj traicionero, me siento preso de aquellos segundo que se me escapan sin la comprensión, sin el entendimiento del porqué de todos aquellos actos que suponen un antes y un después, una condena y una salvación, una vida o una muerte.

Llega el momento de mi vida en el que ya no hay marcha atrás. Muchos años han pasado desde las primeras grandes decisiones y muchas han sido las lecciones. Muchos ojos explorados y muchas miradas entristecidas a mi paso, así como muchas sonrisas y alegrías de acompañamiento y complemento necesario. Nunca me imaginé tal como soy ahora mismo, pero tampoco negaré que me he convertido en lo que yo mismo he andado. Senderos misteriosos y oscuros para algunos, senderos prohibidos para otros y caminos demasiado transitados en alguna que otra ocasión.

Jamás me creí capaz de verme tantos defectos y a la vez valorarme tantas virtudes como ahora mismo. Un abanico de posiblidades de realidad se abre ante mi, ofreciéndome la más terrible de las soluciones o la más sublime de las salidas ante el caos que ahora mismo alberga mi mente. Por todo eso me encuentro en la encrucijada más cruda que jamás ha visitado mi pobre alma, si es que tengo alguna. 

Un cruce de caminos en el que mis miedos acechan y mis terrores me saludan desde cualquier ángulo... Pero ellos no saben que yo ya soy consciente de qué me ha llevado a ellos, las cosas que me han hecho caer una y otra vez en los mismos errores: programaciones erroneas en la computación de mi cabeza sometida a cosas que no le deseo a nadie, así como expuesta a luces cegadoras y caricias compasivas que, en más de una ocasión, me recuerdan que soy un simple mortal y que no debería tomarme tan en serio mi vida, pues resulta que nunca saldré vivo de ella.

Y veo el camino que deseo tomar de esta encrucijada, y sé quien quiero que me acompañe en él. También conozco todas las cosas que nunca repetiré, así como las cosas que cargaré para siempre en un pedacito de mi conciencia, haciéndome más sabio, un poco más triste y mucho más impetuoso con la vida. Porque no sé que pasará cuando los dioses decidan que ha acabado mi tiempo sobre esta tierra, tan sólo sé que ese día sabré si hay o no algo más y que, hasta entonces, debo luchar y perseguir la felicidad escurridiza y esquiva que todos anhelamos. Esa dulce promesa de horizontes claros y paisajes livianos, ese dulce deseo de una caricia y un abrazo que todo lo cura. Porque el tiempo todo locura. Es todo locura.

dimarts, 1 d’abril de 2014

Esencial



Un año de reloj tras un atrevimiento premeditado dan para mucho. Un año en el que han caído varios muros de mi interior y se han construido palacios enteros de paz y gloria. Un tiempo en el que cada instante ha sido una excusa para recordártelo, un motivo para seguir adelante y un motor que ha puesto en marcha algo que ya no sé como parar.

Empezaré diciendo que en ocasiones el terror es mi compañera en la cama, que se acuesta conmigo en muchas ocasiones recordándome que todo en la vida pende de un hilo. Un péndulo vital con el que me encanta jugar y adivinar, oráculos efímeros que lanzo para disfrutar cada instante y recordarme que no importa un mañana horrible o un ayer espantoso, no importa mientras sea contigo. Y es que tras mucho tiempo sin escribir hoy me remito a ti, una vez más, para grabar en fuego en tu mirada lo que en la mía ya se ve hace mucho. Quiero que quede dibujado en tu sonrisa e impregnado en tu piel el color de mi perfume más secreto, ese que he hecho de todos los pétalos marchitos que tú me estás ayudando a espantar. Deseo de corazón que sea el veneno que corre por mis venas el que susurre a través de mis labios todo lo de truhán y señor que tengo, para que a ti lleguen todas las primaveras que mi ser pueda darte. Y es que contigo me he bañado en las profundidades de mi mismo y me he visto tal y como soy, humano y mortal. Por todo eso, necesito hoy más que nunca, recordarte que eres esencial.

Como todas las buenas historias el azar y el Destino, hermanos siameses inseparables, han dibujado en nosotros un camino que a día de hoy sigo sin entender mucho. No comprendo qué me llevó a querer desentrañarte más allá de esas caderas peligrosas y esos ojos que me retan constantemente, simplemente me lancé una vez más a ese mar inóspito que es el cortejo para sacarte alguna que otra mueca graciosa y robarte uno o varios miles de besos. Admitiré que no fue un reto sencillo, pero también diré que ha sido una proeza que ha merecido todas sus alegrías, porque de penas ha habido pocas.

Desde un gato con flores hasta unos mamíferos marinos entrenados, pasando por una infinidad de risas, un condimento de gritos y temblores, y un añadido de susurros y ternura acompañados de las mejores conversaciones han hecho de todo esto algo único y diferente. Una receta secreta cocinada con todo el amor y odio de unos duendes locos que me acompañan allá donde vaya y culminada por unas simpáticas focas que han robado más de una de mis sonrisas para esconderlas en el fondo de algún mar profundo, donde residirán siempre y que sólo les pertenecen a ellas mismas.

Ocurra lo que ocurra en mi vida, sé que ya no puedo olvidarte. Eres algo más que mi amante y mi amada, eres algo más que mi querida y mi pareja, eres algo más que Perséfone para mi Hades personal. En el más angosto túnel me has ayudado a ver la salida, en el peor de los sueños lúcidos me has ayudado a tener el horizonte claro y en el más siniestro de mis días me has hecho tener una esperanza como nadie nunca había acariciado mis debilidades y temores. Has forjado con algo más que hierro y fuego el arma que me ayuda en todas mis batallas y me has enseñado cómo blandir esa daga afilada con la certeza de la sinceridad y el momento. Y todo eso va más allá de lo que nunca pude haber soñado.

Y es que por mucho que escriba me quedo corto, mis escuetas palabras no son capaces de encerrar mis deseos y anhelos contigo. Quiero que sepas que el horizonte de un nuevo abril se dibuja, que un año más empieza y que nos espera un mundo que tenemos la obligación de comernos juntos. Quiero que recuerdes que para mi no hay mañanas sin tus soles, que no quiero que haya noches sin tus estrellas y que moriría si algún día me condenaran a vagar por las calles sin ese perfume de frutas silvestres que te caracteriza. Voy a recordarte que esto no ha acabado, que mi arsenal de risas y alegrías está cargado hasta los topes, que tengo un montón de vidas que compartir contigo y algunos miles de millones de gemidos que arrancarte. Tampoco voy a dejar de recordarte que esto es sólo el principio y que si te ha gustado la función, prepárate, el primer acto no ha hecho más que comenzar.

Por todas las envidias, quejas, vecinos enfadados, amigos contentos, palabras de apoyo y mensajes de esperanza que hemos compartido, hoy te escribo a ti, mi amor. Porque un año sirve para mucho, se vive muy despacio y pasa demasiado deprisa. Así que, una vez más, empieza la aventura.

Si te escribiera que te amo estaría mintiendo, pues esa palabra se le ha quedado corta a mi corazón, que es todo tuyo. Gracias por ser mi amante, mi amada, mi amiga, mi compañera, mi pareja y mi familia. Sin ti me faltaría algo, algo que sin duda alguna es ya esencial.


Todo tuyo, para qué engañarnos, Carlos, hijo de Hermes.

dijous, 30 de gener de 2014

Para ti, hermano.



Hoy he recibido una llamada que me ha regalado un momento de ilusión, un instante en el que he sonreído y he dicho con la voz interior: "Adelante, sigue tu camino hermano". Hoy ha sido un día que escuchar tu alegría me ha hecho recordar mi fortaleza, así que hoy estas palabras van por ti, hermano. Hoy me dirijo a la que es una de las personas más importantes de mi vida, que llegó por casualidad, como todas las buenas historias, y me ha hecho ver el mundo como nadie antes me lo había enseñado.

Recuerdo los primeros días en que te conocí. Era un crío, un adolescente inseguro con mucha fantasía en la cabeza y con algún que otro tornillo suelto en el interior. Y te recuerdo a ti, no en mucho mejor estado que yo, como te ganaste un curioso afecto por mi parte. Me caías bien, pero entonces no supe apreciar el valioso don de escuchar y soñar que tienes, un don que redescubrí casi 6 años después gracias al azar y la virtud que nos unieron.

Y nos unieron en el mejor de los lazos, el más profundo y el que crea más raíces, nos unieron en nuestro lado oscuro. Tanto el lado oscuro de nuestros peores momentos como el lado oscuro de nuestros peores vicios. Nos hemos enseñado a ser malos y a ser mejores; nos hemos enseñado a ser auténticos y, sobretodo, nos hemos enseñado a que hay un Destino reservado para nosotros. Pero no todo ha sido oscuridad y pasiones, también descubrí en ti la paz de una agradable conversación, la alegría de una buena risa y la calma de la confianza y el respeto. Me has agarrado para que no caiga muchas veces y me has ayudado a volar en muchas otras, así que por todo eso: gracias.

Y sé que puede parecer exagerado, pero lo que he crecido gracias a ti sólo lo saben nuestros ojos. Gracias a ti he tenido el valor de ser malo y el máximo atrevimiento de ser bueno y el mejor. Nunca olvidaré los consejos que sabiamente nos hemos intercambiado y que han sido unidireccionales en nuestros corazones: siempre mejor que ayer, siempre mejor que hoy y siempre juntos aunque el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Y personalmente, me agarro a tu amistad como a uno de los mejores amuletos, pues nunca me siento solo y nunca me siento incomprendido, y eso hasta ahora sólo lo habías logrado tú. Y contigo he encontrado a la compañera de sendero que ha logrado darme también su comprensión, paciencia y cobijo, y menciono ésto porque sin tus palabras en su momento adecuado quizás no estaría en el palco divino en el que estoy.

Eres grande, una gran persona con grandes virtudes, nunca lo olvides. Sé que a veces nos puede la autocrítica y ambos sabemos que tenemos muchos errores cometidos, parches que ocultan oscuridades que vencemos día a día a medida que avanza nuestro camino. Gracias por ser noble y generoso, gracias por haberte convertido en el hermano que nunca tuve hasta ahora, pues en ti he visto el verdadero significado de la palabra amistad.

Por todo eso, hoy me he puesto feliz. Feliz de ver que no estoy loco y que tengo una gran persona como amigo, una gran persona que está haciendo realidad sus sueños como un triunfador, una persona que ha sabido ver el cielo y ha aprendido que con trabajo y perseverancia podrá volar todo lo lejos que quiera.

Simplemente, gracias por ser quien eres, gracias hermano por demostrarme que no estoy loco, que los dioses nos miran y el mañana será grande y bueno con nosotros. No voy a rendirme hasta que seamos lo que tantas veces hemos prometido en la mágica montaña de Montjuïc, mirando los cielos y los paisajes que algún día serán como si fueran nuestros. Así que recuerda hermano, nos podrán tirar, pero nunca podrán evitar que nos levantemos y sigamos luchando.

Enhorabuena por el día de hoy, te mereces eso y toda la gloria que los dioses nos tienen reservada. 

Te quiero mucho.


diumenge, 26 de gener de 2014

Untando el Ungüento: nuevo proyecto del untador.



Untando el Ungüento es mi nuevo proyecto que hoy aquí os presento a un diario personal sobre el estudio, práctica e investigación de la brujería. Untando el Ungüento nace como una necesidad personal. En los últimos años mi visión del mundo ha cambiado por completo y me he encontrado que, efectivamente, no todo es lo que parece. Me he descubierto consciente de un mundo que parecía oculto, de cosas que van más allá de la razón y que, indudablemente, existen. Y ha sido el abrir humildemente la consciencia hacia otras cosas lo que me ha adentrado en el mundo de la magia y de la brujería. La brujería como el arte de viajar entre mundos, de la fetilleria como dicen en mi tierra, de tener un pie aquí y otro allá, de mirar donde el resto sólo ven, de comprender lo que otros sólo entienden. Una brujería más allá de la wicca, lo tradicional o lo ecléctico, entendida como un oficio y una artesanía de trabajar con lo oculto, de subir cosas de abajo y bajar cosas de arriba.

Por ese motivo hoy voy a empezar este proyecto público de estudio y práctica de la brujería, para compartir con todos mis lectores mi experiencia al adentrarme en este mundo. Mi objetivo es ser testigo y compartir con todos los interesados mi experiencia de aprendizaje y sumersión en otros mundos. Quiero que este diario sea la prueba del cambio y la transformación que una persona vive en sus propias carnes al experimentar la profundidad de una búsqueda espiritual. Voy a enseñar al mundo que hay una brujería más allá de las tradiciones, las escuelas, los maestros y los títulos que puede ser aprendida si se busca en lo profundo y se entiende que la brujería es, ante todo, una artesanía que requiere estudio, práctica y comprensión. 

Este blog no será el típico blog esotérico ni estará encasillado en ninguna tradición de brujería o neobrujería, porque además de mis experiencias, voy a ir colgando toda la información y prácticas que haré, tan sólo reservándome los detalles más personales. Quiero que además de un diario sea una fuente de información y lugar de referencia para todos aquellos interesados en brujería y temas afines. Para ello me he marcado el propósito de publicar 5 veces a la semana como mínimo, explicando mis prácticas diarias y compartiendo aquello que vaya leyendo. La duración pensada para este blog es de un año aproximadamente, teniendo Imbolc del 2015 como fecha límite. Una vez llegue a esa fecha haré una valoración de todo lo aprendido y todo lo andado.

Así que, aquí empieza el proyecto de Untando el Ungüento, un diario público en el que podréis ver en primera persona lo que es volar por los mundos de la brujería y lo que significa untarse con el potaje de las brujas.

dimarts, 21 de gener de 2014

Carta de amor a la dulce Hebe



Adorada Hebe,

Bienvenida seas a mi humilde morada, bienvenida al hogar que me ha visto nacer y ha sido cobijo de muchas esperanzas y sueños. Entra sin miedo en la casa de mis primaveras y deja que te regale unas cuantas flores de perfumes sedosos que alegren tu bello rostro. No me andaré con rodeos, te amo como se aman los amaneceres en las largas noches, te deseo con la pasión que abriga el fuego en el duro invierno y te anhelo más que a cualquiera de las virtudes y regalos de esta mortalidad pasajera. Siéntate conmigo unos instantes, efímera Hebe, déjame acariciar tus mejillas con mis ansias de amor, mis aventuras trasnochadas y alguna que otra estrella que recogí en el firmamento para ti.

Eres el tesoro que todos los hombres aprecian sin condición. Todos ansían disfrutar de tus brazos eternamente, de esos cálidos besos que otorgas con tus rosados labios. Muchos ansían acariciar tus suaves pechos y dormirse sobre ellos, lugar donde las pesadillas se tornan vagos nubarrones, momento en el que la dulzura asalta nuestras sonrisas y las maquilla de ilusión y felicidad. Y yo, ahora recostado en tu ombligo, acariciando los finos pliegues de tu piel dorada y disfrutando de los perfumes de tus instintos y los néctares de tu cuerpo, disfruto el instante como un loco viaja en sus psicosis.

Contigo he aprendido lo que todos los dioses han aprendido en algún pasado remoto. En tu suspiros he visto la melancolía de aquellos que ya no te tienen, la gloria de aquellos que quisieron conquistarte y, en alguna misteriosa ocasión, creo ver en el brillo de tus ojos el eco de una luz lejana que te recuerda que, hubo una vez, unos cuantos que se llevaron un pedacito de ti misma para inmortalizarlo en la marea de los tiempos. Con tus andares he aprendido la fugacidad, he sentido mi copa rebosante y he visto como te has ido para nunca más llenarla. La ambrosía que ofreces con tu presencia es un sutil veneno, el más milagroso y risueño que jamás probaré, y sin duda es la pócima que merece acabarse hasta la última gota.

Amada y anhelada Hebe, contigo llegaron los mejores recuerdos, las mejores sensaciones, las primeras experiencias y los primeros adioses. De tu mano llegaron las lágrimas dolorosas de los pasados primerizos y alguna que otra cana antes de tiempo, fruto de cosas que el titán del Tiempo aplasta sin piedad alguna. Con tu sonrisa llegan las esperanzas de toda una vida, los sueños sin título y sin guión, que esperan renacer una y otra vez hasta verse realizados, para nunca más tener que esconderse bajo la almohada de caras arrugadas y alegrías marchitas. Con tu cuerpo llegaron los excesos de instinto y la permisividad de la salud y la fortaleza, haciendo que el goce sea una bandera esgrimida en nuestras caderas y su búsqueda una brújula que guía nuestros corazones. Con tus andares llegaron las cosas que me hacen pensar que, muy seguramente, la mejor manera de conquistar tu itinerante corazón, sea disfrutar y hacerte sonreír todos los instantes que pases a mi lado.

Hebe, tú que has llenado mi copa, quiero mirarte a los ojos y agarrarte de la cintura con fuerza. Quiero hacerte sentir en mi mirada que soy un hombre al que merece la pena volverle a llenar la copa. Déjame que repose un beso más en tus delicados labios, mi amada Hebe, que de hoy en adelante voy a escribir en las estrellas el Destino que me lleve a beber tu ambrosía...

Mi Hebe, mi juventud, te amo. 

diumenge, 12 de gener de 2014

Odín, quiero impresionar a los dioses.



Odín, padre de dioses y hombres, a ti te dedico estas palabras. Espero que sea de tu agrado mi humilde ofrenda y la aceptes como una forma de agradecimiento y una petición de ayuda y sabiduría.

Empezaré diciendo la verdad, clara y sencilla, que todos puedan conocer un poco de la madera que estoy hecho y vean el oscuro abismo que albergo en mi interior. Soy más débil de lo que desearía y la impotencia es una sensación bastante común que me invade, más de lo que mis propios allegados conocen. He sido un mentiroso y un cobarde en más de una ocasión, así como un ser falso y carente de honor en muchas otras. He herido a quien no lo merecía y he fallado a quien le debía algo más que una simple sonrisa. Siento que muchas veces no soy el hombre que debería y que una oscura sombra me persigue recordándome que, tarde o temprano, caeré con ella y perderé aquello que mas he amado en este mundo.

Pero también diré la otra verdad, la que me ayuda a entenderme y me recuerda que tengo mucho que dar y tengo mucho que ofrecer. Soy buen amigo y hermano de quien tiene mi mayor aprecio como compañero de aventuras. He sabido sacar sonrisas y lágrimas de felicidad a gente que sólo veía un pozo oscuro en el que caerse. He sido fuerte en momentos adversos, experiencias que me han vuelto algo más sabio y menos torpe. He sabido seducir y conquistar a la mayor belleza de todas, ofreciéndole mi corazón y mi vida en uno de los regalos más sentidos y sinceros que jamás he hecho. También he ayudado a muchos con mis ideas y mis palabras, sabiendo ofrecer consuelo, ánimos y fuerzas a quien más los necesitaban. He sabido cambiar, aunque sea a pequeña escala, el mundo que me rodea, dejando tras mi paso semillas que a muchos alimentarán y a otros auxiliarán. Y por último he sabido renacer una y mil veces, reconstruyendo mi alma de mis propios destrozos y derrumbes, demostrando que, hasta ahora, no ha habido palabra o suceso que me hayan quitado las ganas de seguir viviendo.

Y por todo esto, por el oscuro abismo y por las alturas de las que procedo, que hoy dejo escrita una promesa que llevo haciéndome desde que tengo constancia de mi consciencia. Hoy he comprendido que la única redención reside en mi mismo y en los actos que definan quien decido ser, por lo que hoy tengo más claro que nunca que quiero impresionar a los dioses.

No tengo muy claro qué debo hacer, sólo sé que no quiero ser uno más. Quiero la gloria, quiero que mi nombre sea digno de mencionar y quiero ser recordado por haber logrado lo que otros ni se atrevían a soñar. Deseo que mi vida pueda ser ejemplar, que la gente me nombre como aquel que dejó un legado que debe ser recordado y mantenido. Anhelo de corazón que todo eso que ansío sea digno de impresionar a todos los dioses.

Así que me pongo en marcha, Odín. Me pongo en marcha para que todas las lecciones que me has enseñado en este brevísimo periodo de tiempo sean efectivas. Llega la hora de luchar y ser digno de todo lo bueno que me ha dado la vida, tanto de lo que me he ganado como lo que los dioses me han ofrecido.

Así que, una vez más, llegó la hora. Gloria o victoria.