dimarts, 1 d’octubre de 2013

Paz y Sentido

No sé como decirlo ya. Al del ungüento se le acaba el potaje para dicho vuelo... Tendré que pasarme a cosas más duras... En fin, es lo que hay. A veces las palabras sólo sirven de límite, vallitas que limitan grandes rebaños de sentimientos alocados, algún que otro lobo que se ha colado en el interior y al pastor de ideas que intenta poner orden. Y resulta maravilloso cuando esa estúpida barrera cae por los empujones de alguna que otra pasión encendida, dejando que todo cuanto contenía aquella pequeña construcción vuele libre como una bruja en pleno apogeo orgiástico... Pues todo eso es tu culpa.

Ahora sinceramente, hablemos con la claridad con la que el delirio cura sus psicosis. Nunca esperé encontrarte, no de esa manera, no en este momento, no en esta vorágine de vida y muerte que en aquellos meses era mi vida. Fuiste un soplo de aire fresco y el arroyo plácido del que beber calmaba y colmaba a todos mis duendes locos de mi cabeza, esos que me enfadan como un basilisco o me ponen triste como el solitario Plutón sin su querida Perséfone... Y nunca quise beber de ti más de lo necesario, pero entonces tú, traidora y mala bruja de cuantas el del ungüento ha conocido, me inyectaste aquella pócima de amor en forma de paz... Caí en aquellos ojos de sauce y aquella sonrisa pícara que tan poco me costaba arrancar, caí de cabeza en aquel dulce embrujo más propio de fábulas y mitos que de noticias y anécdotas. E, iluso de mí, pensé que podría escapar en cualquier momento, como una mosca cuando se posa en una planta carnívora y bebe su néctar... No podía haber estado más equivocado.

La increíble trampa ya se había cerrado y yo me encontraba totalmente drogado de paz, loco por beber de aquella boca y arrancar de sus manos las caricias que me liberaban de cualquier veneno que pudiese haber ingerido, ya fuese en forma de amargo día, ya fuese en forma de duras tristezas. Una espiral danzante de colores y aventuras que nunca creí posible, todo con tal de tener a aquella belleza feliz a mi lado, por ver en esa mirada traviesa la alegría de vivir, el motivo de dar un paso más, la razón por la que hacer de este mundo un lugar mejor... Y en aquellas inmensidades navegadas por la ilusión a veces llegaban las tristezas, pero no importaban, porque sabía corregir el rumbo y agarrar fuerte el timón, ella me había enseñado de la manera más simple y genuina como sobrevivir a las tormentas, con amor. 

Y mentiría como el peor de los rufianes si dijese que lo había experimentado antes, aquello no era el calentón de una noche loca ni la pasión de un momento turbio... Aquello era amor. Y en ese amor he encontrado la paciencia y la energía, la espada y el escudo de mis batallas personales, la armadura contra los dragones de mis miedos y alguna que otra pócima mágica que todo lo cura. Y fue equipado con todo aquello, sintiendo la más sublime paz y abrazado al más dulce del amor cuando lo pude ver. Estaba allí, mirándome, todo el rato, era el Sentido. El Sentido a todo, desde lo más ridículo hasta lo más grande, el Sentido a aquella inyección y al gesto loco que lo impulsó; Sentido a una vida, que a ser posible, me gustaría vivirla contigo.

Paz y sentido. No habrá nadie ni nada que pueda quitarme eso que me has dado, ni los seres microscópicos que a veces te molestan ni los grandes astros que a veces me influyen. En estos seis meses me has cuidado y me has dado lo que nadie me había dado antes. Suena tópico, suena típico, pero no me importa. Porque si ahora mismo me voy al Inframundo llegaré sonriendo, porque he encontrado la paz, porque he encontrado el sentido.

Locamente, y feliz, el del ungüento. Te amo.