dimarts, 30 d’abril de 2013

Entre Hades y Perséfone



Mírame, mírame a los ojos. Inmediatamente ábreme esa puerta al abismo oscuro que hay entre tú y yo y déjame descubrir las profundidades del Érebo contigo. Estaremos en la soledad de lo profundo, un Inframundo destinado a cobijarnos, a nosotros y nuestras risas, a nuestras risas y nuestros lamentos. Rocíame con las lágrimas de todos ellos, pues serán buena lluvia para las lástimas que puedan venir, pero no olvides secarme luego con tu sonrisa para que crezcan flores que merezca la pena mirar. Cobíjame entre tus lunares y déjame un hueco en el que poder echar una cabezada de vez en cuando, un sueño breve y reparador, de esos que abren puertas sin marco y ventanas sin alféizar. Olvida todo cuanto pude no decir, olvida los momentos que aún no te he regalado y, quizás, alguna vez has soñado conmigo. La vida, y de esto estoy seguro, se encargará de ofrecernos oportunidades para vivirlos y redescubrirlos. Entre Hades y Perséfone, entre tú y yo, un secuestro gratuito de consecuencias inesperadas. Siempre dispuesto a ir más allá, porque tú me has enseñado que no existe lo normal.

A lo mejor sencillamente era cosa del caprichoso hado. La vida siempre sabe como dibujar un camino en la arena de la playa y borrarlo a medida que lo caminas, mojando tus pies con momentos que no se marcharán, recuerdos que no se borrarán. Antes de que cualquier olvido o recuerdo invada nuestra ruta, deberías saber que llevo una sonrisa por brújula y la esperanza es mi horizonte, por lo que no me rendiré si esto nos lleva a una insana y apasionante locura. Supongo que debes estar dispuesta a tomar el mismo tren que yo, aunque haya que correr para cogerlo, porque de lo contrario no leerías esto.

Sencillamente, puede parecerte todo muy misterioso, un galimatías incomprensible. Enormemente, me sentiré alabado si así es, pero te animo a que busques en lo profundo, las cosas no son siempre lo que parecen. Infinitas formas adoptan los misterios, como el tuyo y el mío, pero estoy seguro que éste no será, ni de lejos, el más difícil de todos. Seguro que ya debes intuir algo, lee entre lineas. Y si no sabes qué hacer, pregúntame, soy dado a dar una pista de qué sendero de mi cuerpo debes recorrer. Más si ya has descubierto el misterio y no quieres preguntar, queda todo en tus manos...

Espero que esta carta llegue a buen puerto. Dioses de las artes y la comunicación, procurad que así sea. Irrevocablemente, el mensaje ya ha sido enviado. Ahora sólo queda que te diga dónde.

dijous, 25 d’abril de 2013

Lluvia de primavera



La vida es una espiral de cuyo girar nadie escapa. Si vives, giras. Así de simple, así de verdadero.

Siempre me ha gustado ver como, ante cualquier idea preconcebida, la existencia sabe darte una palmadita en la espalda y demostrarte que aún puede ser todo diferente, que el cambio siempre está ahí. Lo eterno se vuelve desechable, lo efímero perdura y los tormentos y tormentas pasan, dejando atrás lluvias de lágrimas y gotas de agua que riegan los campos, los de la esperanza y los verdes de esta primavera. Una sutil danza purpúrea e intocable, pero siempre presente. Siempre danzante.

Y es ante esa capacidad de la vida de hacernos ver que en el cambio está el crecer, el progresar, el volar de los pájaros de nuestra cabeza y de las enredaderas de nuestro corazones, que inevitablemente me siento desnudo. Desnudo al ver que instantes que parecían llegar forzados se vuelven dulces como el más terrible de los chocolates. Desnudo al ver que quizás lo que parecía que más anhelabas es tan sólo un espejo en el que ves reflejado las miserias de tus deseos. Unos deseos que vienen y van, siempre pasajeros, pero siempre fluidos y constantes.

Si algo tengo claro es que son los deseos los que nos permiten avanzar. Fue un deseo lo que me acercó a lo que ahora me atormenta, así como fue un deseo lo que me permitió abrazar lo que ahora me parece un dulce presente del caprichoso calendario. Y desearía poder desear menos, pero deseo y el deseo me hace frágil a los cambios que no están en sintonía con mis acordes, los que toco en la soledad de mis pensamientos. Unos pensamientos sin brújula ni norte claro, sólo una aguja que apunta a lo que impera en el momento: una vida a la que me aferro como un niño a su juguete nuevo.

Que droga dura es la vida, con sus cambios y deseos, con sus idas y venidas. Desde bien pequeño que me se un vicioso, pues me aferro a todo aquello que me da placer y paz haciéndome adicto con bastante facilidad. Supongo que ahí reside uno de mis grandes errores y que la edad me ha dejado entrever al machacar unas cuantas veces mi corazón: hacerse adicto a cosas que no son sanas por muy felices que puedan hacerte en el momento. Sabes que a la larga el cigarrillo de la pasión pasará factura a los pulmones de tus sueños, pero aún así sigues fumando, calada tras calada, rezando que ese aire que te eleva a los cielos no pare nunca de hacerlo. Pero como con toda droga el subidón baja y acarrea unas consecuencias más o menos molestas, pero siempre dañinas.

Pero a pesar de todo y lo adicto que soy a la vida, no me canso de sonreír y volver a encender el cigarro de mis días para darle una calada más. Esta vez será profunda y serena, sincera y sin máscaras que no me permiten disfrutar de todo el olor que mi alrededor me ofrece. Ya sea el olor de tu pelo, el olor de las flores o el olor de esta lluvia de primavera.

El fuego lo pones tú. 

dimarts, 9 d’abril de 2013

El increíble Charlie Strong




¡Pasen y vean! ¡Pasean y vean, damas y caballeros, a nuestro increíble hombre forzudo! ¡Charlie Strong! ¡Miren sus imponentes brazos! ¡Observen sus poderosos músculos! ¡Su fuerza todo lo puede! ¡Mueve montañas! ¡Desplaza ríos! ¡Levanta edificios! Su fuerza todo lo puede… Todo, o casi todo. El pobre Charlie Strong hay un peso que es incapaz de levantar, una fuerza que sus músculos no ha podido vencer… El corazón de una mujer.

No hay mayor peso que el vacío de la ausencia del ser amado, y es irónico que yo, que todo lo puedo mover, no pueda hacer fuerza con uno de los músculos más resistentes de todo el cuerpo, el corazón. Son muchas las mujeres que caen rendidas a mis pies, son muchas las chicas que gritan mi nombre y me susurran en noches de pasión, pero sólo es una la que se ha llevado mi aliento y mis suspiros. ¿Qué encantos tendrás que hiciste de un hombre poderoso el más débil del mundo?

Sin duda alguna, querido público, esto me ha enseñado una cosa. Yo, Charlie Strong, no soy el hombre más fuerte del mundo. No soy el hombre más fuerte del mundo porque la verdadera fuerza no reside en nuestros brazos ni en nuestras piernas, reside en nuestros corazones. Aquellos que son capaces de resistir las puñaladas del destino, aquellos que lloran sin miedo a lo que digan; aquellos que aman sin condición ni límite, aquellos que luchan y realizan sus sueños… Ellos son los que poseen la verdadera fuerza. El peso más grande de todos no se levanta con los brazos, sino con la voluntad y el deseo, con la pasión y una sonrisa. Preparad vuestros corazones para la función, porque llega el número de los hombres y las mujeres más poderosos de la tierra: aquellos que fueron capaces de sonreírle a la vida y levantarse cada mañana con un sueño por cumplir.

Que nada ni nadie os hunda nunca, porque hoy, si tenéis un sueño por cumplir y una sonrisa para realizarlo, sois los hombres y las mujeres más fuertes que hay sobre la faz de la tierra.