dijous, 28 de març de 2013

Las maravillas de tenerte



Cada poro de tu piel es un prado en el que me encanta pasear, una laguna de sensaciones profunda y serena. Un suspiro regalado a mis oídos despierta en mí mareas de paz, un torrente de amor que se funde en la nada de ese momento. El vacío que hay entre nuestros mundos y el abismo que une a tu corazón con el mío.

Las maravillas de este mundo residen en los pequeños momentos, bellezas escurridizas entre dedos enredados en el tiempo. Maravillas que pueden hacerme creer en un instante que todas las mentiras del universo están enredadas entre tu pelo y el mío, que un beso significa el aliento de vida y el soplo de muerte que necesito a cada instante. Como el efímero instante que me robaste, un trozo de mi vida entera te pareció poco y asaltaste el carro que comerciaba con mis días, los días en los que pienso en ti y rezo a los dioses para que tus labios vuelvas a los míos; los días y semanas que agonizo por abrazarte y no soltarte; los días, semanas y meses que llevo soñando con esos ojos que me robaron el alma y me arrojaron a tus briznas de alegría y tus tempestades de dudas.

De tus dedos he aprendido que no se necesitan nombres para limitar, que un sólo toque derrumba todo lo establecido para arrancarnos una sonrisa. Y verte sonreír como un duende o como un enanito es un vicio del que me cuesta despegarme. Oír tu risa, maldita y atormentadora pero dulce como el peor de los vicios, es fruto de una de mis pasiones íntimas y públicas, beber de tu boca hasta que se funde con la mía.

Y luego está ese corazón, el tuyo. El que gira y rueda como un mecanismo acelerado de perturbar y saciar mis tristezas. Un torrente de calidez que le da un suave respiro al mío y le hace entender porqué, porqué tú y porqué yo. Quizás el porqué del mundo, quizás el porqué de cada suspiro escondido, quizás el porqué de cada miedo que se acurruca entre tus párpados y no anhela soltarte.

Amad como si la vida estuviese prohibida, porque en ese tormento y bendición encontraréis el sentido y la razón de toda la locura de vuestra alma. Sentid como las primaveras inundan vuestros sueños y se acomodan entre vuestras pesadillas para darles un perfume afrutado. Nada queda prohibido si es por amor, aunque duela, aunque sea un tormento, aunque os lleve a la tumba. Porque sin amor ni sonrisas el mundo pierde sus acordes, pierde las notas que le dan fragancia y cuerpo a todo lo que deseamos. Amad como yo, amad como ella. Amad como queráis, pero amad.

dilluns, 25 de març de 2013

Perdido en la nada de tus maravillas


El mundo pasea ante mis ojos como si de un espejismo se tratara. Mis sentidos se hayan atentos pero ausentes, mis pensamientos flotan en una nube de la que cuesta bajar. Y en esa nube, en la que nada pesa pero todo duele, estás tú.

Vivo en un sin vivir, agónico por el silencio que mi alma ha provocado ante el dolor, mudo por las puñaladas que me ha dado el vivir. Nada digo y poco sentencio, sencillamente me limito a ver pasar todo aquello que sé que está ante mis ojos pero a lo que apenas le encuentro gusto o belleza... El mundo es un cúmulo de fotogramos blancos y grises que cuentan una historia que ya había oído hace tiempo, probablemente de boca de algún loco que me avisó, de algún fuego que me invitó a jugar con él para quemarme. Y, obviamente, me he quemado.

Supongo que a todos nos ha pasado alguna vez: no entender la situación y verse abocado a tener que vivirla sin más remedio y consuelo que saber que la cosa continúa. El problema está en que no sabes en qué dirección, no sabes qué sentido, no sabes donde está lo que eras antes y creías ser ahora. Todo es negro y confuso, un manto invisible que cuesta atravesar, una nube de sueños incompletos y deseos reprimidos... Y en esta cascada de sensaciones me encuentro yo: sin poder ir hacia atrás porque sólo hay un río que me arrastra hacia la caída y con miedo a lanzarme porque no veo donde caeré.

Y entre todo este mar estás tú. Tú eres el fuego que me quemó; la cerilla en mi bidón repleto de sensaciones inflamables; un duende que tiene ganas de jugar a un juego que no comprendo y sus reglas ponemos entre los dos. Me muero por tenerte, por saber que en cada abrazo estoy más cerca de lo que sin querer te he entregado y no me puedes devolver... Y siento una tristeza onírica cada vez que pienso en todo lo que no pasa, todo lo que anhelo con cada suspiro y cada caricia que te regalo. No sé si mereces esas caricias, si mereces esos abrazos, pero sólo sé que te los debo a ti, porque me has robado y te he dañado, porque me has atacado y no me he defendido. Porque nos hemos batido en duelo y nos sabemos heridos de gravedad.

No creas que voy a renunciar al corazón que me robaste o te entregué, no creas que he renunciado a volver a ser el que fui. Pero si la renuncia significa estar contigo en ese mar de paz y sueños, saber que tenemos un horizonte por delante y un millón de maravillas por detrás, lo haré.

Porque eres todo lo que quiero, una primavera que ha dado brillo y color a un extraño invierno... 

dimarts, 19 de març de 2013

Gracias por tu gran corazón, papá.



Un padre es aquel que te cría, aquel que te enseña las cosas que merecen en esta vida la pena, el que te da la mano para enseñarte un camino y te deja andar por él sabiéndote responsable. Todos tenemos un padre y una madre, y yo estoy tremendamente orgulloso de ambos, pero hoy, esto va por ti, papá.

Estimado padre, ambos sabemos que eres un hombre con multitud de defectos, como todos. Eres una persona despistada, caótica, que le cuesta saber callar en algunos momentos y que siempre tiene comentarios oportunos para ocasiones desafortunadas. He de decir que todos esos defectos los he heredado y los paseo con orgullo por la vida, pero eso es otro tema... Si resalto lo negativo es por algo sencillo: te hace único y especial. Sin esa forma de ser no serías mi padre, serías otra persona, un extraño que está ahí con una cantidad de virtudes que sin duda alguna merece la pena reconocer.

No son pocas tus virtudes, pero sin duda alguna la que más destaco es la de seguir siendo un niño. Con nada más y nada menos que medio siglo de vida sigues siendo un niño que sabe ilusionarse y sabe ilusionar, y eso vale oro. Tienes un corazón joven y un espíritu curioso, sabes sonreír ante la adversidad y das amor incondicional, y por lo tanto amor del bueno, a los que te rodean sin pedir nada a cambio. Tienes un alma noble, que a pesar de que tu crees que anda perdida a veces, sabe muy bien que es lo que quiere y lo que debe cuidar. Sin duda alguna sin tu bondad y sin tu sonrisa que nos saca a todos de quicio en algún momento, esta casa no sería lo mismo.

Otra cosa que puedo destacar de ti es tu sentido del humor. Sabes reírte de lo nefasto y sonreírle al mal tiempo, no temes reir aunque la ocasión no lo merezca, pues sabes que en esa risa está el escudo ante todo lo malo de esta vida, que no es poco. Tienes además una inmensa capacidad para demostrar que estás ahí, siempre, pase lo que pase, para hacernos sonreír y reír cuando lo necesitamos, que no son pocas veces...

Y si algo me alegra haber heredado de ti es tu inmenso romanticismo por la vida y el amor. Dudo mucho que haya padres que sigan tan enamorados de la mujer con la que duermen. Gracias por todos los besos, detalles y momentos felices que haces pasar a la mujer que me trajo al mundo, me han enseñado que el amor no es sólo un salto al vacío del que luego tienes que recuperarte, es una escalada a una montaña que se hace poco a poco para disfrutar de la brisa que te regala el viento y las maravillosas vistas que hay desde las alturas. Y el amor que tu das lleva muy alto, seguro, porque amores como el tuyo quedan pocos, estoy seguro.

No te hace falta que seas filósofo, matemático, físico cuántico o cualquier otra genialidad de las que te encante para hacer todo lo que haces, pero hace falta, sin duda alguna, un gran corazón y un espíritu fuerte que me ha enseñado algo que nunca olvidaré: si algo merece la pena, lucha por ello.

Por todo lo que me has dado estos casi 23 años y por todo lo que te mereces, te dedico esto. Porque no me avergüenzo de mi padre en ningún momento, sino todo lo contrario. Tengo un padre que vale un millón de galaxias con sus millones de estrellas, estrellas con las que sueña muy a menudo, estrellas con las que siempre estarán estas palabras:

Te quiero, papá.

dissabte, 16 de març de 2013

Para llegar a un corazón...



Los corazones son murallas de vida y paredes de lamentos, esculturas de recuerdos y melodías de tristezas y alegrías.
En un corazón caben muchas personas, pero sólo algunas tienen asiento.
Si deseas llegar al corazón de alguien, lee con atención y toma nota, no en papel que elimine lo escrito, sino en tu alma, que guarde lo explicado.

Empieza con una sonrisa en tu rostro y perfúmate de alegría, a los corazones gustan de otros corazones alegres.
Rocíate la cara de belleza y sinceridad y maquilla tus ojos con colores de triunfo y gloria.
Hablarás con tu voluntad y reirás con tu niñez en una mano, serás guerrero honroso y mujer delicada, serás vida y voluntad de vivir, serás brisa y huracán.

Pero no olvides pactar con tus demonios, y a ellos les venderás parte de tu alma para que te vuelvan loco.
La locura te quitará el miedo a los demás, miedo a decir lo que piensas y a tomar cuando desees, pues debes tener malicia y astucia, deberás tener una parte ágil y dispuesta.
Y si eres capaz de sonreír y llorar sin que importe nada, estarás más cerca del corazón de alguien.

Una vez vestido de triumfo, decorado con la alegría y rociado con lágrimas de locura empezarás tu discurso.
Hablarás desde el corazón y con el corazón. Tus palabras serán vehículo de lo que amas y odias.
Y desde el amor estremecerás sus ojos, y desde el odio encogerás sus miedos.
Arropa al otro corazón pero crea en él un reto en tu caminar, que quiera caminar tu camino, que desee compartir tu andar.

Y cuando el reto esté servido, acaricia sus sueños con las plumas de tus alas.
Permítele volar cuando se te de la mano, permítele ser aire en las columnas de tu tierra.
Y entre la tierra y el aire tomarás sus dos manos y las pondrás junto a las tuyas, para que no vuele demasiado alto y pueda escapar, demostrando lo que quieres, demostrando lo que vales.

Culminarás con una dosis de ternura y abismo. El abismo de caerte en los ojos y la mirada, de perderte en las profundidades y mirar las estrellas gloriosas.
En el abismo de los ojos verás todo aquello que fuiste y serás, y en ese instante de quimera, besarás los labios de la esperanza de todo aquello que anhelas, rozarás la insana alegría, sentirás el estallido de tus sueños y caerá el maquillaje de tus fracasos.

Y todo perdido volarás junto a la otra persona a lomos de pájaros de futuro, tomarás su mano en el camino de tus promesas por cumplir, susurrarás las palabras de lo eterno de las dunas del desierto.
Harás de tu cuerpo el suyo, y del suyo tu razón.
Tu locura será la suya, tu amor será puro, tu odio será gratuito, tu vida una sonrisa, tu muerte una mueca.

El corazón ya habrás ganado si hiciste todo esto pero, como todo en esta vida, no será para siempre.
Y si deseas hacer eterna tu victoria, te desvelaré un siniestro y oscuro secreto.
Para hacer tuyo el corazón de alguien, llega a él y hazlo cielo en tierra y nube de suspiros y alegrías, y cuando sea todo tuyo, arráncalo de su lugar y llévate tus promesas con el aire y tu cuerpo con tus pasos. Todo lo que quedará será un vacío que, de alguna manera u otra, nadie más podrá llenar... Nunca.

diumenge, 10 de març de 2013

Cuentos de la Oscuridad: El corazón oscuro.



El amor es una hermosa luz que ilumina en los momentos más oscuros. Esta historia habla de un amor que sirvió de luz y sin querer condenó a un amante a la oscuridad.

Todo empezó como empiezan la mayoría de romances, un encuentro fortuito y una sonrisa casual. Él era apuesto y bello, ella era hermosa y muy joven, ambos eran luceros de un alba que parecía no extinguirse nunca. Y esos dos luceros se conocieron y se enamoraron...

Él la cortejó con bellas palabras y dulces momentos; ella le sedujo con sus ojos cristalinos y su alegría de vivir. Pasearon por mil calles y desfilaron su dulce aroma por cada una de sus sonrisas... Y en el momento más inoportuno, un momento que el Destino tejió caprichosamente, ella le miró a ojos y él besó sus labios. La infinitud y el amor se hicieron uno sólo y los dos corazones se fundieron en uno solo. Sin jurarlo se dieron amor eterno, fruto de las efímeras pasiones y las etéreas felicidades junto al otro.

Pasó el tiempo y su amor creció más y más. Ambos veían en el otro la luz que debían seguir: un motivo por el que despertar, un motivo por el que ser mejor cada día. Ella soñaba por las noche con él y susurraba su nombre entre los pliegues de sus sábanas... Él derramaba lágrimas de nostalgia cuando no la veía y corría como un niño hacia ella para fundirse en un abrazo que estremecía a las flores de la primavera.

Y al igual que el fuego que unió sus almas, fue otro fuego el que condenó su romance... Un incendio fortuito en la casa en la que vivían encerró a la muchacha en una habitación rodeada por el fuego. Él, al llegar corriendo y ver la escena, no dudó en lanzarse a las llamas y correr para salvar a su amada. Al llegar la cogió de la mano y la sacó de allí, pero la mala fortuna hizo que una viga quemada cayera encima de ella justo antes de la salida, arrebatando la vida de la joven y creando una noche en la que ninguna estrella pareció brillar...

Él, al ver a su amada muerta, enloqueció. La luz que había guiado sus sueños, el perfume de todas sus alegrías y el sentido de todos sus latidos se había marchado por un golpe de mala suerte. Y fue tal su llanto y su lamento que los árboles guardaron silencio y la Luna se enrojeció en el cielo de pena. Entre los llantos y lágrimas que caían en el rostro de su amada difunta, el muchacho llamó a la diosa de la Muerte y al dios del Abismo, jurando que haría lo que hiciera falta por volver a sentir aquella paz que sólo su sonrisa le daba.

Y fue tal su pena que la diosa Muerte y el señor del Abismo decidieron presentarse y ofrecerle un trato que así decía:

Entrega tu corazón al negro abismo y a tu amada te devolveremos. Sus labios volverán a ser tuyos, su sonrisa crecerá alegre en su rostro, sus ojos volverán a encender los tuyos...

Pero, debes saber ante todo, que si nos das tu corazón nada será igual para ti, nos pertenecerán tus ojos, tu nariz, tu lengua, tu piel y tus oídos, y serán las tinieblas las que adornen tu vida sin permiso, todo será duda y ausencia, todo será espinas y ramas secas...

Haremos que tus ojos sean bellos y puedan ver la belleza del mundo que te rodea... Te daremos una visión que te permitirá ver el sentido y la hermosura del mundo al que perteneces...

Pero haremos que las fragancias y las brisas sean nauseabundas procesiones de muertos y olvido...

Que la comida sea ceniza en tu boca y la bebida ácido en tus entrañas...

Que las caricias sean miles de ortigas rozando tu piel y el dolor sea tu constante vivir...

Y que todo aquello que oigas sean lamentos y tristezas, dolores y gemidos, llantos y suspiros...

Si nos entregas tu corazón, haremos nuestro todo lo tuyo. Tus días serán de tormento y negrura, tu universo perderá sus estrellas y toda luz se te apagará...
Simplemente, oscuridad.

Al oír estas palabras y desesperado por recuperar a su amada, el joven aceptó el pacto con la diosa Muerte y el dios del Abismo. Su corazón apagó toda luz y las llamas de toda pasión se extinguieron en su interior. Miles de tormentos invadieron la mente del joven y el brillo desapareció de su mirada, una amargura y tristeza desfilaron por sus labios mientras que el odio se hizo sitio en su mente... Pero, mientras tanto, ella abrió los ojos y recuperó el aliento. Nada más abrir los ojos, sonrió y abrazó a su amado desesperada por lo que había visto al otro lado y saber que volvía a estar con la luz de su amor. Lo que ella no sabía era el precio que él había pagado por su vida.

Y así empezó una vida de tormento que acabó en tragedia. Ella había vuelto pero él ya no era el mismo.   El mundo era amargo a pesar de que su amada estuviera a su lado, todo era gris e incompleto, un puzzle  al que le faltaban las piezas más importantes... Ella vio que él amargó su carácter, que aquella luz que le daba calor se había esfumado sin motivo aparente y que el calor de sus abrazos ya no era el mismo. El vacío se había apoderado de aquel romance, ella sufría por el frío, él era sólo una quimera de lo que llegó a ser antes de ser oscuro...

El único consuelo que al pobre amante le quedaba era ver a su amada con vida. En sus tormentos y tristezas oraba a los dioses para que volver a ver a su querida le diese ese fugaz momento de alegría que rápidamente se esfumaba. Aún así, y a pesar de que la oscuridad había invadido toda su alma, aquel momento de saber que ella estaba bien valía toda la pena que él sufría... Su amor era más fuerte que su dolor y siguió adelante.

Pero a pesar de seguir adelante las cosas no hicieron más que empeorar. Él empezó a ponerse celoso y a  desconfiar de todo aquello que pensaba que podría arrebatarle a su amada de sus brazos. Le prohibió que hiciese cientos de cosas y ella protestaba, pero el odio y la tristeza fruto de la oscuridad impedían ver la realidad al pobre chico. Él poco a poco se volvió un ser odioso que ya apenas nadie reconocía por la calle. Su cuerpo se degradó y su mente fue enloqueciendo hasta hacerle perder el norte muchas veces.

Por todas esas razones ella entristeció hasta niveles insospechados. La tristeza hizo que, desesperada, ella buscara el consuelo y el calor en alguien para ver si podía ver algo de luz en todo aquello. Un joven apuesto que vio la debilidad de la joven quiso aprovecharse de la situación y sedujo a la pobre infeliz... Y en el momento en que empezaron a fundir sus cuerpos desnudos él apareció descubriendo lo que su amada había hecho. Ella lloró al ver que había sido descubierta y rogó su perdón, el amor la había vuelto infeliz y apagada. A pesar de sus lamentos, él no pudo ser sensato...

Al ver la escena, el joven se lanzó a por el chico y lo golpeó hasta dejarlo inconsciente en el suelo, para luego ahogarlo con sus propias manos y ver como la vida desaparecía de su rostro. La chica gritó desconsolada y tiritaba de miedo en el suelo sabiendo que la próxima en morir sería ella. Él se le acercó y ella salió corriendo de la habitación. Él la persiguió y cuando salió de la habitación vio como ella saltaba al vacío por el balcón. Su cuerpo se abandonaba a la ligereza del aire cayendo a un frío suelo que recogió el cadáver bello de la muchacha. Todo había perdido su sentido...

Y ante esa tragedia él decidió quitarse la vida saltando por ese mismo balcón, pero al llegar al suelo vio que su cuerpo había fallecido, pero que su tormento continuó y su alma fue una pesada carga que paseaba sin descanso en busca de la luz del amor que nunca volvió a ver...

Ella murió y descendió al Inframundo del que no se le permitía volver, pero él se quedó cumpliendo un tormento y vagando por las calles que un día fueron las más hermosas del mundo, y no porque así fuese en realidad, sino porque eran paseos junto a ella. La luz que vio su mundo y que nunca más regresó a su lado.


dimarts, 5 de març de 2013

Mereció la pena



Un día más al archivador de recuerdos que no merecen la pena. Ese cajón está repleto de cosas, momentos insulsos que no dicen nada de la vida ni de porqué estoy en ella, son tan sólo los fantasmas de los momentos tristes y felices que nunca llegaron. Moran en algún rincón de mi memoria con el único fin y objetivo de dar coherencia a mi vida, darle un respaldo temporal y recordarme que algún día  serán momentos olvidados, nada más.

La vida está llena de cosas que no merecen la pena. Muchas de ellas las hacemos cada día sin que nos demos cuenta: nos levantamos para ir a sitios que no nos hacen felices y hacer algo que no nos llena. Acto seguido, hablamos con gente que no nos importa y sonreímos a personas que ni se acordarán de nosotros al girar la esquina. Continuamos con una dosis de cinismo hacia el mundo y hacia quienes habitan en él, para culminarlo todo con un pastel de amargura e ironía hacia lo que más te molesta de la existencia, tus fracasos y tus frustraciones. Esto es una rutina que poco merece la pena y lo que es más curioso de todo es que la justificamos y defendemos hasta niveles insospechados. Creemos que lo que hacemos puede justificarse con la supervivencia y el "tener que vivir en paz con el mundo", pero si analizamos un poco más en el fondo, nos daremos cuenta que podemos vivir (que no sobrevivir) y vivir en PAZ con el mundo sin necesidad de hacer cosas que no merezcan la pena, haciendo cosas que realmente le den un sentido a todo esto.

"¡El del ungüento se ha vuelto loco!". Probablemente, no os quito la razón, a mí se me fue el piloto hace tiempo y no hay nadie al volante... Pero aún así sé que digo una gran verdad, en el sentido popular de la palabra. El mundo y la vida sólo tiene un sentido, un sentido único que se manifiesta en la multiplicidad de las cosas que nos rodean. Todas ellas diferentes y únicas pero moviéndose al unísono con el Uno al que pertenecen. Ese Uno, ese sentido, no es otra cosa que aquello que fluye, aquello que nos hace sonreír y amar. No es amor, pues en el sentido hay rabia, ira y cierto odio que destruye y permite construir. El sentido no es malo ni bueno, es aquello que nos hace ver que el mundo nos regala atardeceres dorados para que podamos contemplarlos y ver en ellos los sueños que nos permiten dormir y las realidades que nos hacen seguir levantándonos. El sentido va más allá de todo lo acotable, pero se puede resumir en que nos hace felices. Hemos perdido ese sentido, ese algo que nos hace únicos e iguales a todos nosotros.

Y si recuperamos ese sentido toda nuestra vida volverá a merecer la pena, porque todo aquello que haremos será por y para el sentido. Ya sea porque esa sonrisa nos vuelve locos o porque el silencio de los momentos felices es el aire que nos permite volar lejos. No habrá recuerdo en vano si damos a nuestra vida el sentido de vivir y amar, de ser felices y luchar por ello. Habrán momentos duros, habrán momentos difíciles y aburridos, así como habrá momentos de llanto, dolor y odio. Pero todos esos momentos serán parte de ese todo que le dará forma el sentido, no serán momentos vacíos, serán momentos necesarios. 

Nada está perdido si merece la pena, nada está perdido si te arranca la sonrisa o el llanto. Lanzaos a luchar una vida que sin sentido no merece la pena. Haced que cada paso de vuestra vida, por corta o larga que pueda ser, os haga sonreír. Y sobretodo, y esto es lo más importante, no olvidéis que pase lo que pase y haya ocurrido lo que haya ocurrido, si encontrasteis un sentido, mereció la pena.