diumenge, 10 de març de 2013

Cuentos de la Oscuridad: El corazón oscuro.



El amor es una hermosa luz que ilumina en los momentos más oscuros. Esta historia habla de un amor que sirvió de luz y sin querer condenó a un amante a la oscuridad.

Todo empezó como empiezan la mayoría de romances, un encuentro fortuito y una sonrisa casual. Él era apuesto y bello, ella era hermosa y muy joven, ambos eran luceros de un alba que parecía no extinguirse nunca. Y esos dos luceros se conocieron y se enamoraron...

Él la cortejó con bellas palabras y dulces momentos; ella le sedujo con sus ojos cristalinos y su alegría de vivir. Pasearon por mil calles y desfilaron su dulce aroma por cada una de sus sonrisas... Y en el momento más inoportuno, un momento que el Destino tejió caprichosamente, ella le miró a ojos y él besó sus labios. La infinitud y el amor se hicieron uno sólo y los dos corazones se fundieron en uno solo. Sin jurarlo se dieron amor eterno, fruto de las efímeras pasiones y las etéreas felicidades junto al otro.

Pasó el tiempo y su amor creció más y más. Ambos veían en el otro la luz que debían seguir: un motivo por el que despertar, un motivo por el que ser mejor cada día. Ella soñaba por las noche con él y susurraba su nombre entre los pliegues de sus sábanas... Él derramaba lágrimas de nostalgia cuando no la veía y corría como un niño hacia ella para fundirse en un abrazo que estremecía a las flores de la primavera.

Y al igual que el fuego que unió sus almas, fue otro fuego el que condenó su romance... Un incendio fortuito en la casa en la que vivían encerró a la muchacha en una habitación rodeada por el fuego. Él, al llegar corriendo y ver la escena, no dudó en lanzarse a las llamas y correr para salvar a su amada. Al llegar la cogió de la mano y la sacó de allí, pero la mala fortuna hizo que una viga quemada cayera encima de ella justo antes de la salida, arrebatando la vida de la joven y creando una noche en la que ninguna estrella pareció brillar...

Él, al ver a su amada muerta, enloqueció. La luz que había guiado sus sueños, el perfume de todas sus alegrías y el sentido de todos sus latidos se había marchado por un golpe de mala suerte. Y fue tal su llanto y su lamento que los árboles guardaron silencio y la Luna se enrojeció en el cielo de pena. Entre los llantos y lágrimas que caían en el rostro de su amada difunta, el muchacho llamó a la diosa de la Muerte y al dios del Abismo, jurando que haría lo que hiciera falta por volver a sentir aquella paz que sólo su sonrisa le daba.

Y fue tal su pena que la diosa Muerte y el señor del Abismo decidieron presentarse y ofrecerle un trato que así decía:

Entrega tu corazón al negro abismo y a tu amada te devolveremos. Sus labios volverán a ser tuyos, su sonrisa crecerá alegre en su rostro, sus ojos volverán a encender los tuyos...

Pero, debes saber ante todo, que si nos das tu corazón nada será igual para ti, nos pertenecerán tus ojos, tu nariz, tu lengua, tu piel y tus oídos, y serán las tinieblas las que adornen tu vida sin permiso, todo será duda y ausencia, todo será espinas y ramas secas...

Haremos que tus ojos sean bellos y puedan ver la belleza del mundo que te rodea... Te daremos una visión que te permitirá ver el sentido y la hermosura del mundo al que perteneces...

Pero haremos que las fragancias y las brisas sean nauseabundas procesiones de muertos y olvido...

Que la comida sea ceniza en tu boca y la bebida ácido en tus entrañas...

Que las caricias sean miles de ortigas rozando tu piel y el dolor sea tu constante vivir...

Y que todo aquello que oigas sean lamentos y tristezas, dolores y gemidos, llantos y suspiros...

Si nos entregas tu corazón, haremos nuestro todo lo tuyo. Tus días serán de tormento y negrura, tu universo perderá sus estrellas y toda luz se te apagará...
Simplemente, oscuridad.

Al oír estas palabras y desesperado por recuperar a su amada, el joven aceptó el pacto con la diosa Muerte y el dios del Abismo. Su corazón apagó toda luz y las llamas de toda pasión se extinguieron en su interior. Miles de tormentos invadieron la mente del joven y el brillo desapareció de su mirada, una amargura y tristeza desfilaron por sus labios mientras que el odio se hizo sitio en su mente... Pero, mientras tanto, ella abrió los ojos y recuperó el aliento. Nada más abrir los ojos, sonrió y abrazó a su amado desesperada por lo que había visto al otro lado y saber que volvía a estar con la luz de su amor. Lo que ella no sabía era el precio que él había pagado por su vida.

Y así empezó una vida de tormento que acabó en tragedia. Ella había vuelto pero él ya no era el mismo.   El mundo era amargo a pesar de que su amada estuviera a su lado, todo era gris e incompleto, un puzzle  al que le faltaban las piezas más importantes... Ella vio que él amargó su carácter, que aquella luz que le daba calor se había esfumado sin motivo aparente y que el calor de sus abrazos ya no era el mismo. El vacío se había apoderado de aquel romance, ella sufría por el frío, él era sólo una quimera de lo que llegó a ser antes de ser oscuro...

El único consuelo que al pobre amante le quedaba era ver a su amada con vida. En sus tormentos y tristezas oraba a los dioses para que volver a ver a su querida le diese ese fugaz momento de alegría que rápidamente se esfumaba. Aún así, y a pesar de que la oscuridad había invadido toda su alma, aquel momento de saber que ella estaba bien valía toda la pena que él sufría... Su amor era más fuerte que su dolor y siguió adelante.

Pero a pesar de seguir adelante las cosas no hicieron más que empeorar. Él empezó a ponerse celoso y a  desconfiar de todo aquello que pensaba que podría arrebatarle a su amada de sus brazos. Le prohibió que hiciese cientos de cosas y ella protestaba, pero el odio y la tristeza fruto de la oscuridad impedían ver la realidad al pobre chico. Él poco a poco se volvió un ser odioso que ya apenas nadie reconocía por la calle. Su cuerpo se degradó y su mente fue enloqueciendo hasta hacerle perder el norte muchas veces.

Por todas esas razones ella entristeció hasta niveles insospechados. La tristeza hizo que, desesperada, ella buscara el consuelo y el calor en alguien para ver si podía ver algo de luz en todo aquello. Un joven apuesto que vio la debilidad de la joven quiso aprovecharse de la situación y sedujo a la pobre infeliz... Y en el momento en que empezaron a fundir sus cuerpos desnudos él apareció descubriendo lo que su amada había hecho. Ella lloró al ver que había sido descubierta y rogó su perdón, el amor la había vuelto infeliz y apagada. A pesar de sus lamentos, él no pudo ser sensato...

Al ver la escena, el joven se lanzó a por el chico y lo golpeó hasta dejarlo inconsciente en el suelo, para luego ahogarlo con sus propias manos y ver como la vida desaparecía de su rostro. La chica gritó desconsolada y tiritaba de miedo en el suelo sabiendo que la próxima en morir sería ella. Él se le acercó y ella salió corriendo de la habitación. Él la persiguió y cuando salió de la habitación vio como ella saltaba al vacío por el balcón. Su cuerpo se abandonaba a la ligereza del aire cayendo a un frío suelo que recogió el cadáver bello de la muchacha. Todo había perdido su sentido...

Y ante esa tragedia él decidió quitarse la vida saltando por ese mismo balcón, pero al llegar al suelo vio que su cuerpo había fallecido, pero que su tormento continuó y su alma fue una pesada carga que paseaba sin descanso en busca de la luz del amor que nunca volvió a ver...

Ella murió y descendió al Inframundo del que no se le permitía volver, pero él se quedó cumpliendo un tormento y vagando por las calles que un día fueron las más hermosas del mundo, y no porque así fuese en realidad, sino porque eran paseos junto a ella. La luz que vio su mundo y que nunca más regresó a su lado.


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