dimecres, 27 de febrer de 2013

Una breve intuición


Si como Schopenhauer tuviese que fomentar toda mi filosofía en una sola intuición, en una sola percepción efímera, sería en el sentimiento que lleva persiguiéndome años y que, en alguna otra ocasión, me roba toda capacidad de atención para sumergirme en una sensación de que todo tiene sentido y razón.


La intuición de la que hablo es un algo efímero, que sólo se percibe en momentos de silencio, luz u oscuridad. Entre los brazos de una amante suele percibirse con mucha facilidad, así como en los momentos de reflexión hacia el pasado se le suelen ver las muecas que hace... A veces en las risas de los amigos aparece escondida, esquiva quizás por temor; en ocasiones me la he encontrado en algún simple objeto, frase o susurro del viento. Mi intuición es una dulce quimera acertada difícil de atrapar.


Esa intuición, una vez llega, me hace pensar en que todo lo que ocurre pertenece a las notas musicales de alguna melodía perdida que un día empezó a sonar en lo más profundo de nuestros interiores y su eco es el que permite el milagro de todo. Una canción que hace que todo esté hilado, un único sentimiento de que el universo es un océano de amor, paz y silencio. Un lugar donde el odio, la tristeza y la crueldad no tienen cabida pues son sólo los opuestos que hacen posible la bella melodía que compone el cosmos. Una gran canción que se cuela entre los ojos de aquellos que se aman; una dulce melodía que revela al mundo lo que significa todo y dicta el destino de los hombres.

En ese momento álgido entiendo que todos los pasos que he dado en mi vida han tenido sentido. Nada de lo que he hecho está carente de razón; soy el dictador y hacedor de todo lo que sucede, creador de un mundo y a la vez soy la letra pequeña de la libreta del Destino. Una hebra de hilo que permite lucir un hermoso tapiz y que si yo no estuviera, el tapiz sería totalmente diferente, bello igualmente, pero muy diferente... Gracias a esa sensación puedo tener la agradable sensación de que en el mundo todavía queda esperanza, que nada está perdido y que todo lo malo que nos pasa, desde la muerte hasta el desamor, corresponde a un dictado musical de una melodía que se reinterpreta a sí misma enamorada de sí misma.

Mi intuición es algo curiosa pues, aunque me transmite todo eso, va acompañada siempre de un dolor profundo, una sensación de vacío que permite que escuche el eco de esa melodía. Un vacío de melancolía y tristeza que deja la puerta abierta a un mundo amplio y desconocido, pero a la vez nuestro e íntimo. Momentos de dolor me permiten ver que el universo sólo se hace el amor a sí mismo y se destruye por igual porque amor y odio son lo mismo. Son dos fuerzas iguales en esencia, como todo en esta vida. Todo es lo mismo: dolor, amor, tristeza, odio, alegría, tú y yo.

Y cuando esa sensación me ha invadido y vuelve a donde pertenecía, el mundo se me queda pequeño. Sólo vuelvo a ver la parcela a la que estoy destinado irremediablemente, porque así lo he creado. Pero sé, igual que todos los que leen esto, que el mundo es inmenso y que, pase lo que pase, siempre hemos sido y siempre seremos.

Simplemente, intuiciones...

1 comentari:

  1. Simplemente precioso.
    Gracias por darle luz al mundo con tus textos.
    Y si en efecto,
    Lo que siempre fuimos, siempre seremos.

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