divendres, 22 de febrer de 2013

Sexo es conocer: Fornicare est conscientia


Sexo, a todos nos gusta el sexo. De una manera o de otra, heterosexual u homosexual, monógamo o polígamo, en público o en privado, duro o suave, con amor o sin él. Y en sus múltiples manifestaciones y formas el sexo supone una necesidad que debe ser saciada, un motor que guía una enorme parte de nuestros impulsos y nos hace como somos, seres extremadamente sexuales.

El ser humano adora el sexo y desde siempre éste ha sido motivo de representaciones artísticas, prácticas mágicas y experiencias religiosas. El sexo está estrechamente ligado a las primeras religiones en las que la reproducción era algo extremadamente necesario y fue algo muy naturalizado durante gran parte de la historia pagana de occidente. Incluso con la llegada al continente de religiones orientales como el cristianismo, el sexo seguía siendo uno de los protagonistas de su religión. No olvidemos que su María es virgen y que cosas como el adulterio están gravemente penalizadas, por lo que podemos deducir que los cristianos piensan tanto en la sexualidad como el resto de mortales...

Y toda esta parrafada introductoria viene a cuento por la razón de este artículo: el sexo no es sólo una forma de reproducirse, el sexo es una forma de conocer. El sexo ayuda a conocer el mundo y lo que nos rodea. Unir cuerpos en el acto sexual es una forma de experimentar no sólo al otro, sino al mundo y su totalidad, es abrirse a otro para experimentar el Uno y el Múltiple. El motivo para esta afirmación tan rotunda es más místico que filosófico, pero tiene un sentido meditativo y enormemente bello.

Cuando comienza el acto sexual empieza, en primer lugar, el conocimiento de la desnudez del otro. Este conocimiento nos hace evidentes y nos reafirma en lo que somos, hombre o mujer, pues vemos en el otro cosas que nosotros no tenemos o tenemos de forma distinta. Empieza en nosotros un cúmulo de sensaciones que escalan en nuestro interior y nos conducen irremediablemente a desear con todas nuestras fuerzas culminar el acto con el otro. El quitarse la ropa es un acto de entrega en el que los individuos despojan su parte civilizada y cósmica para abrirse a su parte animal y caótica. Renunciamos a una de las cosas que nos hace humanos como es el vestido para dejar libre la carne que nos permite contactar directamente con el otro. Incluso en los casos de fetichismo el objeto de fetiche es una excusa mental para acabar derivando al físico del otro: zapatos, ropa interior, látigos, esposas, lubricantes, mordazas, muñecas, penes falsos, preservativos... Todo eso sirve de excusa para el motivo principal, unión de cuerpos, contacto con el otro, con lo que nos es ajeno a nosotros mismos.

Todo este proceso de desnudez va acompañado en gran número de casos por un contacto previo con el otro: besos, caricias, abrazos, azotes, mordiscos, suspiros, lametones... Todas las formas de contacto buscan devorar de alguna manera al otro y hacerlo parte de nosotros pero, ¿por qué? Porque vemos en el sexo nuestras propias limitaciones, vemos todo aquello que nos falta como seres, tanto en lo mental como en lo físico y emocional. El sexo es una búsqueda de la plenitud que ansía una total complementación con el otro y así lograr rozar, aunque sea por unos instantes, la unidad con ese Uno que se nos manifiesta en lo Múltiple; y el sexo es enormemente múltiple pues se compone de muchos microactos, todos enfocados a un único fin y objetivo: la unión de dos polos para la creación. Y en ese acto de crear nuestras almas comprenden su escasez y sus limitaciones que los mantienen separados del resto de  la unidad pero que, a su vez, son necesarias para la vida y la conciencia del yo. Se reafirma tanto lo Uno como lo Múltiple, lo más elevado y lo más mundano. El sexo implica una totalidad del cosmos en el acto en sí mismo. Una hermosa recreación de lo que sucede constantemente  en nuestro universo.

Y continuando con el acto sexual, tras la desnudez y contacto suele realizarse el coito, momento en el que ambos individuos están conectados totalmente. Su entrega hacia el acto ya es total, no hay marcha atrás pues el Caos ya ha imperado y ha unido dos polos opuestos para la creación. Y no importa si hablamos de hombres con hombres, hombres con mujeres o mujeres con mujeres. En todos los casos hay polos y en todos los casos hay creación, ya sea de vida, de sentimientos, de conocimientos o de experiencias.

Este acto de totalidad culmina en el orgasmo, momento que nuestra biología nos regala como uno de los más felices y fugaces de nuestra existencia, pero en el que experimentamos, como dicen los franceses, una pequeña muerte y renacimiento en el que todo se funde para ser un grito hueco en las profundidades de nosotros mismos. El tiempo se detiene, el mundo se paraliza y todo nuestro yo se une consigo mismo siendo completo, para luego separarse en cuestión de segundos y volver a ser el conjunto de multiplicidades y accidentes que lo forman.

A veces durante el sexo los hay que experimentan visiones, otros los hay que experimentan sensaciones fugaces de eternidad, los hay que entienden el mundo por unos instantes para luego olvidar lo que han vivido. Todas ellas experiencias que permiten hacer del sexo un acto de conocimiento del que podemos extraer mucho si estamos atentos a lo que nos explica nuestra naturaleza.

Os invito a que viváis estas experiencias como deseéis y que perdáis miedo a vuestra fragilidad. El sexo tiene mucho que decirnos y nosotros mucho que decir de él. Así que ya sabéis, ha llegado la hora del conocimiento.


5 comentaris:

  1. En efecto tienes razón, el sexo es una puerta que nos descubre y nos desvela nuestros lados más ocultos, nuestros sueños más profundos y sobretodo nuestra enorme imaginación…
    El Sexo es Caos y Orden a la vez, es el Todo. Es una forma mágica de encontrarte contigo mismo y con la persona que tienes a tu lado…
    El Sexo no es sólo un instrumento para expresar con tu cuerpo lo que sientes y piensas, también es la unión más fuerte.
    Según el mito de Platón todos tenemos nuestra alma gemela y cuando hacemos el amor, entramos en contacto y nos convertimos en uno solo.
    Por eso si tienes sexo con la persona indicada llegas a sentir esa fuerza mágica y extraordinaria, es entonces cuando encuentras y sabes con convicción que la persona que esta a tu lado es esa alma gemela.

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  2. ¡Gracias por vuestros comentarios y elogios!
    Respecto a lo que comentas Dani, es muy cierto que en la comunidad pagana sigue siendo un tema, como mínimo, peliagudo en muchos aspectos. Me gusta tu apreciación de que se acepta el sexo como sagrado y a la vez como algo reservado, pues es algo que se ve mucho. Personalmente considero que en ambos casos puede haber sacralidad, tanto en el conocido como en el desconocido, creo que todo es cuestión de quitarse barreras mentales y abrirse al otro sin miedo.

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  3. Me ha encantado la entrada, llevo cierto tiempo analizando mis creencias con respecto al sexo, la sexualidad, el amor, y toda esta terminología que parece ir de la mano, por lo menos en lo que me han enseñando. En este proceso me he dado cuenta que sí tengo mucho de "conceptos cristianos" pero eso no ha llamado más mi atención que aquellos "vacíos" en cuanto a las respuestas sobre mí mismo.
    Tu texto me ha encantado y a la vez me ha ayudado. Así que muchas gracias. =)

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  4. ¡Gracias a ti! Me alegra saber que te ha ayudado y te ha gustado :)

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