dilluns, 25 de febrer de 2013

El lado oscuro del alma


El lado oscuro es algo real. Aquellos que niegan el reverso tenebroso de la existencia sólo hacen que negar una parte esencial de sí mismos. Nuestra cara oculta, nuestro lado siniestro es algo presente y que convive con nosotros. Tarde o temprano se manifiesta, tarde o temprano actúa. Lo que hay que saber es verlo y aprender a convivir con él, nunca evitarlo...

Desde siempre he evitado los pensamientos maniqueos de "el bien" y "el mal". Como pagano he aprendido que el mundo está lleno de matices, que aquello que nos puede parecer bueno puede no serlo tanto, y aquello que nos parece malo puede ser algo que nos beneficia mucho. Aún así no he podido dejar de observar en mi vida lo que yo siempre he llamado "la oscuridad". La oscuridad es el lado que consideramos negativo de la vida, es todo aquello que duele en lo más hondo y que sin embargo hay algo de seductor en todo eso. El lado oscuro es todo aquello a lo que tememos y a la vez nos conforma.

En primer lugar definiré más concretamente lo que yo considero oscuridad. La oscuridad es todo aquello que desde un estado de bienestar consideramos negativo: daño, tristeza, odio, vicios, ira desmesurada, ansias de poder incontrolables... Todas esas cosas las tememos porque nos duelen, nos conducen a ser infelices y nos amargan. Pero aún así, todas esas cosas que conforman el lado oscuro nos pueden resultar atractivas y nos pueden llevar a realizar actos muy perjudiciales hacia los que nos rodean, y todo porque nos hemos inclinado demasiado hacia ese lado. Un claro ejemplo de ello es la ambición desmesurada, que a la larga deriva en un daño hacia los demás. La ausencia de un término medio aristotélico es lo que provoca la existencia de esto que yo llamo oscuridad.

Pero, ¿por qué llamarlo oscuridad? El motivo de porqué yo llamo oscuridad a todo eso es algo más poético que otra cosa, pero tiene un sentido práctico. El ser humano es un animal de luz, de Sol, en la noche nos perdemos y somos torpes, realmente hasta hace muy poco la noche era algo temible, pues suponía una oscuridad en la que el mundo se sumergía y en la que podía pasar de todo. Esa oscuridad siempre tiene algo de temible, igual que todo aquello a lo que yo llamo "lado oscuro". Todos nuestros sentimientos dolorosos son temibles, pero al igual que con la noche, hay cosas que son atrayentes y seductoras y nos conducen a acercarnos: los vicios, las ansias, los sentimientos desbordados... Todas estas cosas que nos inducen a probar y a ir siempre un poco más allá... Y es aquí donde yo quería llegar.

Conocer el lado oscuro es algo que pocos admiten hacer. Pocos son los que admiten abiertamente haber sido viciosos, malos, tristes, irascibles, desbordados y otra cantidad de cosas que, en muchas sociedades incluida la nuestra, son motivo de rechazo. Pocos son los que se adentran de manera voluntaria a conocer sus "yo" más extremos y más siniestros... Cosa que considero un grave error.

Si alguien desea ser sabio debe conocer su lado oscuro del alma, y creo que esto es un hecho. Creo que alguien que ha sido vicioso, malo, triste, irascible y se ha dejado desbordar y ha conocido su "monstruo" interior y ha sabido comprenderlo, tiene una sabiduría inmensa sobre sí mismo y su naturaleza. Aprender a convivir con todo aquello que nos da miedo, saber que hay cosas que son horribles y haberlas experimentado o provocado en algún momento, otorga un nuevo punto de vista que sólo aquellos que lo experimentan saben de lo que hablo. Saber que has sido causa de sufrimiento y haber sufrido; haber tenido un sentimiento desbordado que ha salpicado a gente que no debía; o incluso haber sido víctima de la peor de las maldades y tener un odio interior inmenso genera toda una manera de ver el mundo que si se sabe encaminar puede otorgar mucha sabiduría.

Pero como en todos los caminos peligrosos el de conocer el lado oscuro del alma tiene muchos baches y muchos agujeros en los que caer. Muchos son los que se dejan arrastrar por estos sentimientos y estados sin poder salir nunca de ellos del todo, conduciendo sus vidas una y otra vez a senderos de los que nadie quiere saber nada por perjudiciales. Estos agujeros pueden ser esquivados fácilmente si tenemos nuestras pequeñas luces particulares. Personalmente considero mis "luces" todo aquello que es capaz de hacerme sentir feliz y en paz: la amistad, el amor, la alegría, el humor... Son mis farolillos que nunca se apagan cuando bajo a mis propias profundidades, lo que sé que siempre estará ahí para recordarme el camino de regreso...

Y en esta vida si sabes que es aquello que te ilumina sabes que es aquello a lo que temes. Y si temes algo debes conocer ese miedo, porque en esa noche tan oscura apreciarás la belleza de las estrellas que te guían.